¿Generación de qué?


Entre semana sacaré algunos textos de la CAJA –y me refiero no sólo a la revista digital, sino a esa ‘caja’ enorme que es la Isla–, muchos de ellos circularon por correo electrónico, así que los leyó poca gente, era impensable para mí tener un blog en La Habana del 2007. Parece que las cosas cambian porque ahora hay fiebre de blogs cubanos. Ser blogger se a convertido en el status del presente, ¿curioso no? Ya hablaremos del tema.
Releyendo cosas en la web he visto los nombres de escritores jóvenes que conozco, también me enviaron el nuevo episodio, como nombran ahora a la revista en PDF ‘The revolution evenig post’, asociando una cosa y otra recordé un texto que escribí en febrero de 2007, justamente sobre algunos de estos escritores que se hacen llamar ‘Generación cero’. Aunque nunca he entendido porqué.
Yo sigo siendo lo que ya era sin haber pisado jamás otro mundo que aquel, Ni de aquí ni de allá, soy de una no-generación. Soy mi lugar en el mundo. Donde yo esté: estará el Sol que me fastidia y que me da vida. Mi compromiso es conmigo y con el arte, –porque no estudié medicina, sino tendría que tener la pasión de Palinuro–. Porque la política me asquea y rige nuestras vidas cubanitas como los hilos de una marioneta. Me he cortado los míos, y veo que salen otra vez, corto, y corto, pero tendría que exiliarme en el fin del mundo para que no me persiga la maldita circunstancia…, ¡Asss!, que asquito me da.
Les dejo este texto que todavía veo oportuno y en contexto aunque ya presumo que mis conocidos ya no juegan al fútbol, ¿ajedrez quizás?
En todo caso, vivir para ver.
Aunque hace mucho supe que «vivir sin la patria, es vivir», como escribiera Luis Manuel García en ‘Habanecer’. Y morir por ella era mi existencia predestinada, pero a tomar por cul… la ‘libreta’ o el libreto, hay que cortar esos hilos como sea.
Por suerte mañana es viernes y viene el fin de semana que se merece esta proletaria.
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The revolution evening post-intoxicación

(…) mi esperanza vive sólo cuando tú la enciendes
y a tus tantas trampas regreso como un suicida
me azotas el alma, pero nunca me arrepientes
con verdades falsas dulcemente me castigas.
Miénteme más, intoxícame.
Con tu maldad, intoxícame.
Ven al dolor, intoxícame.
Quiero que nadie me salve de ti.

Intoxícame. CD Ni de aquí ni de allá. David Torrens

Ellos juegan fútbol los sábados. Son un grupo de escritores que no rebasa los 35 años, pero en su mayoría, han ganado casi todos “los premios” que los jóvenes se pueden ganar en esta Isla. Dicen que no saben jugar, pero igual van, a divertirse, a reivindicar «¡abajo el beisbol! ¡arriba la generación cero!». En realidad no sé si proclaman eso u otra cosa, o nada. No voy a jugar con ellos. No soy de ninguna generación, porque soy de la de ellos, y el cero sólo suma cuando está detrás de otros numeritos. El cero es un redondel vacío: esclavo del rey menos. ¿Quién nacido en Cuba en los 70-80’s no recuerda ese dibujo animado cubano? De todos modos, nunca he sabido muy bien porque Orlando Luis Pardo habla de “generación cero” al (auto)referirse a dicho grupo de escritores que, además, juegan fútbol los sábados.
Días atrás, en una lectura de un cuento de Osdany Morales Caballero, premio David 20061, tuve la oportunidad de reconocer el talento y la tecnicidad de su escritura y me llamó la atención algo que ya comprobaba en textos de otros escritores jóvenes e incluso en mis propios cuentos, un aparente desarraigo con el ahora inmediato: La Habana – Cuba como contexto – argumento, dilema – tema. El cuento de Osdany se movía de Madrid a Buenos Aires y de este a la Habana, pero aquí la ciudad Habana intervenía en tanto escenario, asimilando el contexto como trampolín para contar una historia que se interesa por cuestiones más universales, preocupaciones sobre la creación y el proceso creativo, el escritor como un ente sumergido en una realidad interior que le “hermana” con otros creadores más allá de distancias geográficas, como él mismo me dijo más tarde: somos una generación desarraigada, sin compromisos con el pasado. Su cuento produjo en mí la grata sensación de intentar abrirnos una puerta al mundo desde la literatura, no autoexcluirnos, sacudir esos localismos, esas amarras escriturales que generaciones anteriores han dejado marcadas en el camino y que en un momento fueron la tabla de salvación, el barco redentor, pero hoy ese barco hace agua con todos dentro. Saber salir a flote, adoptar posiciones radicales como dijera el sabio Olmo de Sánchez Mejías. Desde la literatura y con literatura intentar ser ciudadanos del siglo XXI. Explotar la placenta y respirar fuera del útero, de una vez. Respirar el aire del mundo.
Después de esa lectura tuve la pasajera sensación de no estar sola en mi propia “carrera de ciclistas”2, aunque paradójicamente seguía y sigo pensando que no somos una generación. Mi carrera de ciclistas es más bien un triatlón y todos andamos dispersos como moléculas humanas en las curvas del tiempo. Algunos pedalean con increíble resistencia, sobreviven al tedio de una época displicente, unos son capaces de nadar lo suficiente hasta alejarse, más allá de los límites del malecón, otros corren muy rápido y se colocan en los sitios vacios, escalan posiciones, aprovechan las ventajas y desventajas del sistema. No obstante, no veo entre nosotros otro compromiso con la historia pasada y con el momento presente que no pase de un coqueteo, un estar y no estar, incluso abstenerse. Y ni siquiera lo digo en tono de reproche. Como fiel espécimen de mi no – generación también me detengo, también estoy y no, también coqueteo con el pasado. Pero nada más. No somos la generación del beisbol3, deporte nacional, somos la generación del fútbol, deporte internacional.
Abrir una ventana de la Habana al mundo, romper “el bloqueo” mental que anquilosa las manos, las mentes y los meta discursos de mi no – generación no es pretender cerrar los ojos a lo inmediato, menos aún abstraerse del contexto. Más bien, refrescarlo, oxigenarlo, o intoxicarlo con una inyección letal de fosgeno. Sobre todo, revolucionarlo desde otra dirección.
Al final, nadie puede cerrar los ojos al presente, nadie quiere en realidad. Mas cuando el presente de esta Isla somos nosotros mismos, y los otros, los que se van pero mandan ondas de energía y nostalgia desde disimiles orillas del mundo. La generación emigrante, ni de aquí ni de allá, los que no se sienten bien en ningún sitio, o se sienten bien en todos, los que encuentran una casa en todas partes porque vive dentro de ellos, como vive el ghetto de Campanario dentro de mi amiga Dinorah, como vive Trinidad en Maykel, como vive Nuevo Vedado y Jalisco park en Ton, y como viven en mí la torre Eiffel, la Gran Manzana, el Taj Mahal, la rambla de Barcelona y los miles de lugares que conoceré o no. Por eso, después de intoxicarme con el contenido fosgenico del magazine ‘The revolution evening post’ debo admitir que el distanciamiento a veces es un signo de libertad. De arraigo con esa libertad que ondea en el territorio de los artistas.
Cuando Orlando Luis Pardo me habló, sin darme muchos detalles, de la revista digital que estaba elaborando junto a Amhel Echeverría y Jorge Enrique Lage, insistió en que la intención esencial era mover un grupo de materiales de reflexión en torno a la literatura, columnas, artículos y entrevistas serían el contenido principal, fijando la visión en un contexto amplio y volcándose hacia otras zonas del pensamiento crítico y literario menos conocidas por el lector cubano, zonas de resonancia actual en la literatura hispanohablante y mundial. Una ventana, ahora virtual, tras la cual podíamos acceder a un pensamiento libre, comprometido con la creación misma, sin tirar a la derecha o a izquierda, sino buscando un equilibrio, utópico, como casi todo equilibrio. ‘The revolution…’ parece querer salirse del camino guiado por el panorama siempre “rico”, “pintoresco” y “nacionalista” de nuestro legado cultural, parece pedirnos abrir los ojos, los oídos, los huecos de la nariz y respirar, oír, ver el mundo. Aunque siga estando ese velo invisible, esa placenta cálida y asfixiante que nos divide, ese muro de agua, esa barrera de tiempo y espacio, esos límites mentales, porque no es lo mismo ver con ojos prestados. Como no es lo mismo ser cazador que cazado, mentiroso que mentido, así se trate de mentiras piadosas; sin llegar a opacar con nuevas luces, esas otras que iluminan desde tu tierra4.
Monica López, joven historiadora española, me decía estar maravillada con nuestro país y la idiosincrasia del cubano, pero a la vez apuntaba que el recogimiento que afianza nuestra cultura al mismo tiempo la empobrece, viciando una creación, que como toda, necesitaba retroalimentarse de otras culturas. Al menos tender un puente, abrir una puerta, una ventana, un agujero para la confrontación, algo que ha sido el motor impulsor de todas las revoluciones y vanguardias artísticas. Hoy no tendríamos a Wifredo Lam sino hubiera estado en París con Picasso. Ni todo el movimiento pictórico surgido a raíz de la visita de varios artistas cubanos a Europa, por sólo enfocarnos en el terreno de las artes visuales. Y es que es pecar de ingenuidad el pretender obviar la maquinaria siempre cambiante de la Historia del Arte.
Estas ventanas (virtuales, reales, textuales, visuales) pueden ser otra forma de mentirnos, un parche de nicotina que no quita las ganas de fumar, pero al menos, lo intenta. Quizás haga falta algo que una generación cero (¿a la izquierda o a la derecha? ¿o al medio?) no sabe encontrar, por ahora prefiero pensar: miénteme más, intoxícame… hazme creer que explota la placenta, hazme creer que mis palabras, mis ideas, mis sentimientos son los mismos de un escritor chino, chileno, chicano, c.habanero. Hazme creer que me contagias de otras visiones, que somos avestruces de aire o de nuevas tierras, aunque sería mejor no ser más avestruces sino halcones, águilas, gaviotas, pelicanos… Nunca buitres, nunca carroñeros en espera de trocitos de realidad putrefacta para construir llorosas narraciones sobre la no menos llorosa Habana nuestra.
En todo caso, sería preferible resucitarla, recolocarla en el mapa. Recolocar junto a ella a cada uno de nosotros, ceros que suman 11 millones de cubanos detrás del número uno. Pero eso es más bien difícil, somos la generación sin generación, electrones dispersos que no quieren ser parte de la manada, que se rehúsan a cerrar fila, a manifestarse por el resto. Es difícil alimentar a ese monstruo hambriento que es la Historia, que no perdona días, ni desmanes, ni equívocos, esa, que lejos de absolvernos, nos adsorberá en una espiral de olvido, si la dejamos.
Mientras tanto, en Londres un actor de teatro debuta en cine y nadie le reconoce pese a posar en la avenida junto al cartel. En el Vedado habanero un joven actor cubano toma un taxi colectivo donde los pasajeros tienen la oportunidad de asediarlo con preguntas acerca de su trabajo. En Caracas nacionalizan los medios, con la revolución todo… parece ser la voz de acción. En el canal educativo 2 de la televisión cubana todos los días, a las 8:45 p.m. ofrecen un resumen de “Lo mejor de TeleSur”. En la ciudad japonesa de Kobe más dos mil expertos de 60 países discuten sobre la pesca excesiva del atún. Las latas de atún cubano se cotizan a 6,75 cuc el 1kg en el mercado interno. Tomislav Nikolic sonríe durante una conferencia de prensa celebrada el día de la jornada electoral en Belgrado. La presidenta del comité me sonríe desde la puerta de mi casa e insiste amablemente en que me presente a la asamblea de Rendición de Cuentas. La Habana dormita en el mismo lugar del mapa, ellos, los jóvenes escritores ceros, siguen jugando fútbol los sábados y yo escribo sobre una fábrica de fosgeno ilegal. A riesgo de ser desintoxicada a la fuerza. Pero eso, por fortuna, tampoco ocurre ya en esta Isla.

Ciudad de La Habana, 22 de enero de 2007
Lien Carrazana Lau
Texto publicado en la revista digital ‘La CAJA de la china No. 3′

Pie de notas (prescindibles):

1Creo que no juega futbol, al menos no en la Ciudad Deportiva los sábados. Pero es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, detalle, sin dudas, significativo a la hora de hablar de “generación”, estoy segura que habrá una marca en la historiografía literaria cubana, algo como pre – Cardoso, post – Cardoso. Pese a la enorme diferencia de estilo, edades y propuestas de los creadores que han pasado por este centro, aunque eso tampoco garantice la transcendencia.
2Parafraseando una analogía usada por el escritor cubano Ángel Santisteban en entrevista publicada en la revista El Cuentero 02/2006.
3El poeta Damián Viñuela entenderá muy bien este símil, él escucha sin falta cuanto partido de pelota se juega, él vivió la época en que los artistas plásticos cubanos decidieron “dedicarse” a la pelota realizando un performance beisbolero que dio por concluida una época de replanteamiento sociocultural.
4 Quede claro que no hago una oda a la evasión, es más que evidente en mis intenciones de mostrar el quehacer más inmediato de mis coterráneos, aquí en este pequeño embalaje virtual, pero lo aclaró porque siempre hay quienes requieren la confirmación. Y porque creo que el staff de The revolution… no debe descuidar el hilo a esta realidad, para que no se vaya a bolina el papalote…

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