Nueva literatura cubana, esa chica desconocida

'Nueva Bandera Cubana', ilustración de El Sexto.

‘Nueva bandera cubana’, ilustración de El Sexto para la antología ‘Nuevarrativa cubana’.

 

La literatura cubana joven, esa gran desconocida, tiene una puerta abierta por estos días en internet. La revista digital Sampsonia Way, editada por City of Asylum, en Pittsburgh, publica Nuevarrativa cubana, una antología de escritores cubanos emergentes.

El dossier aglutina 16 cuentos, compilados y prologados por el escritor, bloguero y fotógrafo cubano Orlando Luis Pardo Lazo, que están acompañados por ilustraciones del grafitero Danilo Maldonado (El Sexto) y el pintor Luis Trápaga.

Con textos de Abel Fernández-Larrea, Ahmel Echevarría Peré, Carlos Esquivel, Erick Mota, Gleyvis Coro Montanet, Jhortensia Espineta, Jorge Alberto Aguiar Díaz, Jorge Enrique Lage, Lia Villares, Lien Carrazana, Lizabel Mónica, Michel Encinosa Fú, Orlando Luis Pardo Lazo, Osdany Morales, Polina Martínez Shviétsova y Raúl Flores, este proyecto no junta a sus miembros por edad sino por el año en que empiezan a publicar y/o escribir. 

Los compilados en esta antología empiezan a darse a conocer desde el año 2000 aproximadamente y son cubanos residentes tanto en Cuba como en la diáspora, en su mayoría nacidos en los setenta y ochenta. Evidentemente quedan fuera varios nombres, como señala el prólogo, aunque podemos decir la típica frase de no son todos los que están, pero están todos los que son quizás porque “este arcoíris de subjetividades e-mergentes ya ha ganado casi todos los premios nacionales dentro de Cuba”, como explica Pardo Lazo.

Los  cuentos, que han salieron en la web de Sampsonia Way con una frecuencia de dos por semana, en inglés y español, van desde el realismo sucio, la ciencia ficción, la intertextualidad, el humor, la autorreferencialidad, lo erótico, hasta lo social o político, “apostando mejor por una cierta cubanidad descubanizada”, sugiere Pardo Lazo.

Y es que quizás esta generación, o no-generación, busca encontrarse con el mundo a través de la literatura. Ese mundo vetado y, por tanto, deseado. Fugar desde la ficción, donde lo absurdo, lo reflexivo, lo universal incluso desde lo cubano, son elementos predominantes.

“Se trata de una botella lanzada al futuro, que puede explotar como una granada de infinitos significados o que puede regresar a duras penas hasta el lector como un boomerang vacío”, dice Orlando Luis y remarca:

“Seamos sinceros: nadie sabe qué pasará mañana con los ya no tan jóvenes autores cubanos de esta llamada Generación Año Cero, ahora antologados desde Pittsburgh (…).

Seamos incluso cínicos: tampoco importa mucho qué pasará. Literatura y profecía no son sinónimos. No hay garantía de éxito, más allá del universo único de cada texto autoral.

(…)

Lo que es más: estos autores no temen, sino que buscan infatigablemente ese fracaso. Una carrera de éxito es siempre sospechosa, cuando no acarrea la culpa y cierta sensación de colaborar con el statu quo.

No. A nuestros antologados tampoco les encaja nada bien, dentro del campo minado de lo literario, esa noción standard del éxito, ni una idea naif de lo democrático. En la nación literaria, la mayoría tiende a estar equivocada, dormida entre los lugares comunes del canon de la tradición y los milagros del mercado. De manera que una especie de ‘público privado’ ha de ser concebido una y otra vez por cada generación literaria, especialmente si se trata de una generación de cubanos que parecen esquivar el clásico concepto de campo literario, para provocar a un camping literárido secuestrado por un Estado obsoleto que aspira a ser el Máximo Narrador.”

La isla literaria

¿Ruptura o continuidad con los Novísimos? Eso mejor que lo digan los críticos. Estoy demasiado cerca, concretamente dentro, para dilucidarlo.

Los Novísimos, término acuñado por el crítico cubano Salvador Redonet, recuperaron en los ochenta la tradición cuentística cubana y los logros que esta alcanzó hasta los años sesenta —algo que fue truncado en los setenta con el llamado Quinquenio Gris y su política cultural de alas cortadas por la ideología socialista—, pero la revitalizaron dotándola de crítica.

Esa necesidad crítica no creo que haya desaparecido en nuestra generación, pero se ha transfigurado. Tampoco nos interesan las etiquetas y las individualidades estilísticas priman.

¿Cuál es el lector de esta literatura? En una charla online que realizamos a propósito de Nuevarrativa cubana bromeé diciendo “que nuestros lectores no han nacido todavía”.

El pasado 19 de septiembre nos reunimos vía videoconferencia el escritor Orlando Luis Pardo, la editora y escritora Elena V. Molina, el artista plástico El Sexto y yo para debatir sobre esta antología y también otros temas como la libertad de expresión en Cuba y las revistas digitales independientes.

En esta charla uno de los puntos que abordé trataba sobre ese abismo invisible entre la Cuba del exilio y la Isla. Dos Cubas que apenas se conocen. Que muchas veces se ignoran.

Los escritores del exilio desconocen a muchos de estos escritores emergentes que se presentan en la antología, y otros nombres que dentro de la Isla impulsan sus textos a través de concursos literarios.

En un reciente vídeo publicado en Diario de Cuba sobre el “intercambio cultural” entre Cuba y Estados Unidos varios intelectuales de Miami explicaban su punto de vista sobre este tema. Me llamó la atención algunos comentarios de los lectores en los que se aludía a que los reconocimientos obtenidos en la Isla estaban amañados en su mayoría por ser entregados por instituciones oficiales.

Estas reflexiones apuntan a una caricaturización del mundo literario cubano; descalificar lo existente en la Isla por el simple hecho de tratarse de un país bajo una dictadura es una razón pobre si no se conoce el contexto literario actual y sus exponentes.

En Cuba se ha dado y se da muy buena literatura a pesar de que el país en lo político esté marcado por el totalitarismo castrista. Y negar esto es hacer más patente el abismo que ya existe entre exilio y país. Habrán premios amañados, por intereses, por amiguismo, como existe en miles de lugares sin que haya dictadura de por medio, pero también hay calidad literaria y personas que trabajan con mucho empeño por sacar sus proyectos adelante y ser reconocidos por lo que hacen, sin que por ello comprometan su obra o la pongan al servicio del régimen.

La precariedad del terreno editorial en Cuba, controlado totalmente por el Estado, deja poco margen para publicar si no es a través del reconocimiento en concursos y/o el acercamiento a estas instituciones, esto no significa en ningún modo que quienes publiquen allí asuman una línea narrativa afín al régimen.

Lo que ocurre tristemente es que la escasa distribución y casi nula repercusión de muchas publicaciones hacen que sea casi innecesaria la censura, las condiciones está creadas para que todo quede “en casa”.

El resultado es que algunos autores con valiosos libros, publicados en la Isla, y varios premios nacionales, sean prácticamente desconocidos fuera de esas fronteras.

¿Qué recurso le queda a un escritor residente en Cuba? ¿No publicar porque se trata de editoriales gubernamentales? ¿No enviar a concursos nacionales por lo mismo? ¿Seguir guardando textos en una gaveta?

Tengamos en cuenta, además, que en Cuba es casi nulo el acceso a internet a pesar de los nuevos cibercafés instrumentados por el régimen, ya que su costo es elevado para los empobrecidos bolsillos cubanos y no existe posibilidad de acceder a la red desde el ámbito doméstico. Con lo cual esta herramienta, vital para la difusión de los noveles y para el intercambio con otros lectores más allá de lo nacional, así como escaparate para mostrar las creaciones, no es algo al alcance de la mayoría de los autores residentes en Cuba.

Sin mercado editorial ni plataforma digital, el escritor cubano está solo frente a su obra.

Escritores huérfanos

Exilarse es quemar las naves. Al principio cuesta aceptar que se crea un punto y aparte con lo hasta entonces alcanzado. Que dejas de contar para los que están en la Isla, que posiblemente ya no te invitarán a ninguna antología fraguada allí. Algunos dirán, ¿para qué querrías estar en una?

Digamos que es Cuba nuestro terreno por default, lo que nos pertenece, ahí están o deben estar nuestros lectores naturales. Un autor sin país es como un huérfano. A algunos puede que les vaya bien sin país, y otros serán inevitablemente adoptados, pero no soñemos demasiado, se necesita un territorio, el que sea, para poner los cimientos de lo creado.

Internet aún no garantiza eso, ya que se necesitan muchísimos lectores para que la patria virtual sustituya a la analógica. Y para que, finalmente, alguna editorial potente se fije en tu obra y entres por la puerta principal del campo literario global.

Algunos autores cubanos afincados en Nueva York, Madrid o Miami publican sus libros, que son presentados para que otros exiliados, o público interesado en el mundo cubano, los compren. Es un círculo tan cerrado que se parece al de la Isla, salvando las distancias de difusión, distribución digital y calidad de factura del producto final, en lo aventajan a sus coterráneos insulares.

Los cubanos vivimos aislados, en nuestra burbuja de nostalgia y resentimiento patrio. Nos guste o no, lo aceptemos o no, vivimos creando islas a nuestro paso.

Desde que vivo en el exilio he descubierto una gran cantidad de autores y artistas que ni tenía idea que existían, y a la vez he comprobado que muchos intelectuales y artistas exiliados desconocen el acontecer cultural de la Isla, más allá de los nombres conocidos y difundidos por la prensa internacional, ¿de esto también tienen la culpa los Castro?

¿Hemos hecho lo suficiente de ambas orillas para encontrarnos? ¿O hemos preferido ignorarnos?

En 2008 un editor de una institución cubana me propuso publicar un libro que había obtenido mención en el Premio UNEAC de cuento de 2007. Entonces no lo pensé mucho, le envié el libro por el solo hecho de pensar que sería publicado en Cuba y que alguien de allá lo leería. Trabajamos en el proyecto por correo electrónico, pero un día el editor me comunicó que no podían publicarme, las razones argumentadas fueron varias, pero la de peso: “Ya no vives en Cuba”.

En cambio, algunos autores residentes en la Isla han sido y son publicados en el exilio, pero aún es muy escasa su presencia y las editoriales cubanas del exilio se interesan muy poco por ellos. Y también muy poco por autores jóvenes que empiezan a radicar fuera de la Isla. ¿Al exilio le cuesta renovarse generacionalmente? ¿Acaso no sería una buena manera de acortar distancias y de unificar esas dos Cubas tan distanciadas? ¿No sería un modo de oxigenar al asfixiado escritor insular que tiene tan pocos espacios de creación?

Quiero pensar que proyectos como Nuevarrativa cubana son un paso en esta dirección, y puede que en este caso internet contribuya no sólo a ello sino también a abrir la isla literaria a otros lectores del mundo.

Mientras tanto, seguimos escribiendo, en Cuba o en el exilio, porque escribir es nuestro antídoto contra la locura insular, y después que venga lo demás. Primero está hacer literatura.

 

Lien C. Lau, Madrid, 17 de octubre de 2013.

***

Para leer la antología, aquí en español, aquí en inglés.

Vídeo de la charla online.

1 comentario

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