Peregrinación‘, de José Eduardo Jaque Lorente / Dimensiones variables. Instalación con chancletas de goma en gamas de azul recogidas sistemáticamente de un río.

Las ideas parecen flotar en el agua. Pueden acabar por materializarse en manos propias o ajenas. A veces quedan sólo como palabras dichas al azar o terminan en el fondo de la bahía de una ciudad en ruinas que se llama Habana.
Yo solía ver el atardecer por allí, en medio de los escombros, después de correr varias vueltas alrededor de la Alameda de Paula. Digamos que el premio a mi hazaña deportiva era aquel paisaje inhóspito compartido con otros visitantes asiduos: parejas haciendo el amor contra el cemento en las tardes más oscuras, hombres bebiendo y pescando, familias llevando a sus niños a ver los barcos en los largos atardeceres de verano, carros detenidos con música a tope, furtivos caminantes depositando ofrendas al mar y otros deportistas haciendo planchas en la explanada…
Las ruinas del muelle del Puerto eran visitadas como si de un parque de atracciones se tratara, hasta que algún policía venía y nos echaba a todos. Pero la gente volvía, y yo también. Era un ciclo absurdo que me atrevo a pensar se mantiene todavía.
Estuve acudiendo al muelle hasta el día antes de viajar a España. Quizás muchos en Cuba seamos ruinólogos* inconscientes. Estar rodeados de ellas, vivir y sobrevivir a las ruinas ha contribuido a que busquemos, y hasta encontremos allí esa belleza discutible, ese simbolismo decadente que nos atrae como imán a los restos de la Habana.
Con ese mismo afán organicé en el 2000 una exposición colectiva que intervenía un espacio derruido en el barrio de San Isidro, en la Habana Vieja, a pocas calles de mi casa y de ese muelle que más tarde también me sugirió alguna idea similar que le comentará vagamente a Juan Rivero, organizador por aquel entonces del Proyecto Circo, un evento que intervenía espacios con proyección de audiovisuales y realización de performances.
El muelle se prestaba para fabular, pero descartamos la idea porque sabíamos las implicaciones que tendría intervenir un espacio como ése, donde ni siquiera permitían a los vecinos pasear.
El martes 5 de agosto de este año esas implicaciones las sufrieron los 25 artistas y organizadores de ‘Referencias Territoriales’ al ver suspendida la inauguración de la muestra por las autoridades cubanas. Un proyecto que pretendía convertir el muelle en un escenario del arte emergente cubano, acabó siendo otra referencia territorial de ese reino de la censura: Cuba.
¿Volvimos a los ochenta? Se preguntarán algunos, quizás confundidos por cierta visualidad ochentera de alguna de las obras que se mostraran allí. Yo prefiero no hablar del arte expuesto en el muelle el paso 5 de agosto, fundamentalmente porque no estuve y estas imágenes que les muestro no son suficientes para exponer una opinión crítica.
No conozco a la mayoría de los artistas de este proyecto, pero todavía tengo muy fresco el panorama de la plástica cubana y quizás hagan falta muchos más encontronazos con el poder, algo de la energía de los ochenta con una visualidad del siglo XXI y una verdadera implicación de los artistas en las polémicas sociales y políticas que vive la Isla… pero lo veo difícil. Dirán que soy muy pesimista, y puede que sí, mis 27 años dentro de Cuba me dejaron la sensación de que todo es inamovible, que la gente ha perdido la fe y sobrevive como puede a la barbarie tranquila a la que asiste diariamente.
Los artistas plásticos que han sido coartados por la policía cubana volverán a insistir en otra plaza, en otro derrumbe habanero, la policía los volverá a censurar… y así, el ciclo seguirá repitiéndose, porque a nadie le importa demasiado. Ni a los funcionarios de la cultura que deberían representarlos, ni a ‘nuestras vacas sagradas del arte cubano’ que tienen poder para discutir lo que estos muchachos sin voz no tienen, ni a los espectadores que se van a casa y olvidan todo hasta el próximo show, ni a los críticos y periodistas que escribirán de la última muestra de Montoto o de los cuadros de Bejerano. Tampoco le importa a los exiliados cubanos que leen un post sobre un video porno de la Dashiell y se disputan con Cubaencuentro la exclusiva de esta noticia, cuando lo que debería importar es la noticia…
Lo peor de todo es que ni siquiera la noticia de otra exposición censurada debería ser lo importante, sino el Arte, pero eso será motivo de otro post.

Obras de Gustavo Del Valle Ramírez. Esculturas, calados en madera. 2 m. aprox.


‘Arquitectura invisible’, de Alejandro González /Vigas de Acero.
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Gracias a la colaboración de Maykel Linarés y Galería Luz & Suaréz del Villar por hacerme llegar estas imágenes.
*’La fiesta vigilada’, de Antonio José Ponte.