Lindomar Placencia es uno de los pocos artistas jóvenes dentro del circuito contemporáneo del arte cubano que no pertenece a la casta ISA, lo que en Cuba juega con desventaja ya que curadores, instituciones y galerías fijan su atención en los batallones, cada vez más grupales, que van emergiendo de esta escuela.

La obra de Lindomar tiene un marcado carácter personal, comprender su trabajo es escrutar en su individualidad. Para él la creación es una manera de transparentar ideas como lo sugiere en su serie de fotografías traslúcidas Water set (2004), donde la estética es una trampa, un mecanismo de simulación para que comprendamos que lo importante quizás esté en el contenido y no en el contenedor. De ahí que las elegantes imágenes de cristalería rusa sean tomadas de un libro y redimensionadas a un nuevo contexto, la galería, para apuntar que lo relevante se puede esconder en qué o quién está del otro lado de estas transparencias.

Ese juego de las apariencias que nos pone en la cuerda floja, suspendidos en el aire, como aquella enigmática obra que habitaba un cuarto oscuro del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Rope, una instalación del 2001, que acogía con minimalismo esa sensación de un filo en el vacío, la línea del horizonte, una salida. O simplemente una cuerda de seda cortando la oscuridad.
Su trabajo es una investigación que elige materiales y soportes a favor de las ideas a manejar, de ahí que su obra transite por géneros tan variados como el dibujo, la escultura, la instalación, el video y la fotografía.
Blow away fue una obra suya exhibida en el Salón de Arte Cubano Contemporáneo del 2001, y es una de las que más me impresiona, una tina de jabón candado de 170 x 90 cm llena de agua hasta la mitad, invitando al espectador a ser cómplice de la efímera condición del arte, de ese reciclaje que se enturbia como el agua jabonosa.
Cargada de una ironía similar, Evite Ser entra en el terreno de la intervención, ya que el emplazamiento de la obra –un texto hecho en vidrio soplado con la frase ‘evite ser’– se hallaba colocado en la puerta de entrada del ya inexistente Centro Cultural de España, donde el artista expuso en varias ocasiones y obtuvo una beca. La obra formaba parte de una exposición colectiva organizada por Eduardo Ponjuan con sus estudiantes del ISA –vaya, nuevamente a acotación, es difícil eludir dicha circunstancia–. Lindomar prefirió mantenerse en la puerta y hacer una insinuación al ya involucrado público, quien podría leer el texto a la salida.
Evite ser vuelve a buscar la transparencia para decirnos algo de ese mundo que está tras la puerta, de esa experiencia de vida que es la Cuba contemporánea, como lo hace la serie de fotografías On Self (2006) para situarnos ante paredes que tendremos que franquear.
En On Self el artista cierra esa ventana que es la obra de arte y pone frente a nuestros ojos los muros de la Habana. Lindomar retrata un paisaje que se vuelve abstracto, la imposibilidad de ver del otro lado, la esperanza de poder hacerlo. Paredes exteriores hechas para revestir paredes interiores.
Jugar con los espacios y sus significados es otro de sus intereses. La dimensión del vacío lo confirma, es una obra expuesta durante la Bienal de la Habana del 2003 y es el intento por materializar en un número el espacio. Intervenir las ruinas de una vieja iglesia ahora convertida en centro de cultura, luego nada… porque el paso del tiempo hará el resto sobre las viejas paredes, las ruinas de La Habana.

Llega a Madrid en el 2008 para mostrar su serie ‘El hombre invisible’ (2003-2008), dibujos de autorretratos con lápiz blanco sobre cartulina. La obra expuesta en la galería Fernando Pradilla de Madrid todavía juega a la complicidad con que Lindomar se autodefine, esa invisibilidad que para mi es transparencia y en otros ojos ceguera, pero que pese a todo será posible ver con un leve cambio de posición en la sala y la ayuda de la luz. Aunque ver al retratado no de muchas pistas de quién es en realidad, porque a través de la obra nunca llegaremos más que a vislumbrar pequeños rasgos del artista, lo que él quiera que veamos, y será ese quizás el mejor de los caminos, pues garantiza que no terminamos de sorprendernos con el arte cuando es inesperado.

Lien Carrazana, Las Musas, Madrid.
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*La ultima imagen se corresponde a la serie ‘El hombre invisible’ (2003-2008) /150 x 100 cm./lápiz blanco sobre cartulina.
Algunas de las obras de Lindomar Placencia pueden ser vistas en el blog del artista: Dossier Lindomar y los videos en su canal de Youtube.