Estoy organizando los últimos detalles, estoy mirando cosas que no volveré a ver por largo tiempo; la avenida del Puerto, la calle Acosta, el Sol sobre la azotea, las baldosas quebradas del piso del cuarto, esa Habana tan Vieja como estaba yo cuando un año atrás, hoy mismo, terminaba de arreglar mi maleta de viaje en Cuba.
Hoy estoy cumpliendo un año de re-nacida, apenas sé gatear, me quedan recovecos de Madrid por descubrir, ya no llevo el plano del Metro en el bolsillo, pero sigo aferrándome al pasamanos de la escalera mecánica. Tengo un año de vida.
Los ojos de mi madre recorren La Habana. Por verlos volverse hacia mí también es este año de menos, o de más.
Ahora vivo en el territorio de la novedad, la inconsistencia de pasado me ha convertido en una mujer transparente. No soy de ningún sitio y de todos. Cuba está muy lejos, no formo parte de su cosmos, no estoy dentro del ojo del ciclón, me inquieta su destino, rezo por ellos, pido a Oshún, Virgencita de la Caridad, ampáralos…
A Yemayá le pedí día a día frente al Mar Caribe otro mundo ante mí, en las aguas del Mediterráneo le agradecí el regalo de esta nueva vida.
Quienes ven mi sombra en el asfalto, los que leen mis posts, los que comparten el mismo vagón, la misma frutería, el día a día en la ciudad, sólo soy una visión, el holograma de alguien que vendrá, ahora no existo. Formo un conjunto ilimitado de ciudadanos de ningún país, ¿habitantes del mundo?
Sea de cualquier modo, incluso de éste, incierto, imprevisible, donde el futuro es una palabra que con un año no se sabe pronunciar, nunca renunciaré a aquellas calles, aquel parque perdido de mi infancia, a mi regreso y mi vuelta, a conocer el Mundo y a tocar la arena de Guanabo, o de Cayo Coco, ¿podré?
Antes pensaba que no conocería Madrid, que Europa estaba demasiado lejos.
Por la ventanilla veo matriuskas tatuadas con el nombre de la ciudad de Sofía, Lyon, Lisboa, Paris es una perra con pinta de duquesa, Lanzarote una chancleta y Cuba no está…
Apenas mi viaje se remite a ese mundo subterráneo, de Las Musas a La Latina, Lavapíes y su bullicio, la Habana Vieja de algunos que llevan aquí lo que yo casi de vida dentro de la CAJA. Pero no me importa ser una recién llegada, disfruto de mi tiempo, vivo mi inmediatez, y lo celebro. Difíciles y duros, años de mi vida son y yo los quiero. Aguardo por esa suerte que me haga contar con los derechos que nunca he tenido. Disfruto de la libertad que tengo desde que volví a empezar. Sufro por quienes todavía esperan el milagro, y ojala que no sea quedarnos todos sin Isla, sino que ella vuelva a tenernos, aunque yo sienta mareos crónicos de tanta insularidad impuesta. Aunque ya no quede idea alguna de por dónde empezar de nuevo.

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