Es de noche en Madrid. La gente hace lo de siempre. Se desviste, come, se sienta a ver la tele. Algunos beben, fuman, corren en la búsqueda de su verdad.
Y yo me siento a escribir.
Un año nuevo se cierra tras de mí lentamente. En ese acto La Habana se convierte en una postal distante, un nombre, un recuerdo, artificio de la memoria que no podemos evitar.
Un año sin escribir. Sí, no miento. Un año sin hacer eso que hemos llamado ‘literatura’, ese dopaje elegante, esa máscara invisible, o no.
Atrás están las estaciones de autobuses que ya nunca usaré. Ese pensamiento puede llegar a turbarte. La idea de que haya algo que no volverás a hacer nunca. Algo vetado, prohibido, caducado. Pero no me apasiona demasiado volver a tomar una guagua para ir de Centro Habana a Luyanó. No extraño los rincones sucios y agresivos de mi antigua ciudad. No extraño ese Sol que ahora calienta el Vedado.
No cambio mi noche por aquel día.
Y siento la tristeza compartida y aceptada de renegar de mi mundo. O de pensar que simplemente no era mi mundo.
Pero esos son rollos mentales. Mejor es pensar sólo un poco a la hora del café, y luego apretar esa tecla con la misma soltura que se apaga la colilla de cigarro contra el asfalto.
‘Hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad, hay mujeres atadas de manos y pies al olvido, hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad…’
Estoy oyendo a Sabina.
Sí, lo sé, a muchos le parecerá aborrecible que someta mis oídos a esa voz, hay quien me quitaría de la lista de sus posibles amigos, hay quien no me daría el saludo en el ascensor. Pero, es verdad: ‘hay mujeres de fuego, hay mujeres de hielo…’
Soy una mujer patria, mujer tierra, mujer casa.
Me burlo de los demás y de mí. Me burlo de mí tres veces y veinte veces más de los demás. Mujer mentira, mujer ingenuidad, mujer torpeza, mujer pecado. A veces soy una mujer que se olvida de lo que es.
En casa me quito los disfraces, las botas con tacones, la ropa de gótica, el sombrero de cowboy, los lentes de Madonna, la bufanda de Sartre, el bastón de Pessoa, la pistola de Courbert, el peinado de Marge Simpson, las espantosas cejas de Frida… Cuando todo el arsenal de gentes está afuera de mi vida, me siento a escribir.
Un post absurdo aunque sea… un pretexto para olvidar a La Habana.