(Azotea de mi casa en La Habana)

La gente planta banderas en el ciberespacio.
Yo soy de La Habana: una ciudad omitida del borde de las cosas.
Un run run que se cuelga al Sol
igual que la ropa, mis abrigos inútiles, viejos,
abrigos de infancia que me pongo en la adultez.
¿Será que no he crecido?

La amnesia me cocina su porción de insomnio.
En los estadios lúcidos me sumo a la manada,
anoto mis memorias
para leerlas mañana como si fueran de otro,
cuando ya no recuerde nada.
Vigilantes, se amontonan los escritores,
al asecho de otros tedios
para escupir palabras
¿Sobre
hojas
ojos
otros
blogs?
Banderas.
Y esto parece un poema más de muchos poetas ciber-exiliados,
pero no se engañe,
aquí no hay poesía que no sea el SOL
sobre mis abrigos —inútiles— en una azotea de la Habana Vieja.

 

Lien Carrazana Lau, 4 de marzo de 2007.
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Este poema (o ‘esto’ que intenta más bien no ser un poema) lo escribí el año pasado, cuando aún no podia ni imaginar que hoy estaría poniéndolo en un post desde Madrid. En ese entonces la única ciudad, el único mundo que me era permitido se llamaba Cuba.