POÉTICA

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.

(Del libro ‘Fuera del Juego’, Heberto Padilla)

 

 

–¿Padilla? ¿Quién es ese? ¿El pelotero?
Sé que resulta inverosímil –y créanme que hablo de la juventud asociada con la cultura–, pero lo cierto es que existe desconocimiento de quién fue el poeta Heberto Padilla. No es que sea necesario e imprescindible saber quién era Padilla, pero sí creo que es necesario conocer la Historia de un pasado que para los jóvenes como yo, nacidos en los 70 y 80 en Cuba, es completamente irreal.

Como acotara Ambrosio Fornet para terminar su texto , en la ‘Conferencia de Política Cultural de la Revolución’: aquello que dijo Santayana de que «quienes no conocen la historia están condenados a repetirla». Ese peligro es, justamente, lo que estamos tratando de conjurar aquí. Y justo ahí, ese día, un amigo al escuchar en varias ocasiones el nombre de Heberto Padilla, nos preguntó: ¿y quién es el Padilla ese? Su novia y yo tuvimos que explicarle, entre la estupefacción, y algo de sana burla, quién era –he de aclarar que mi amigo no es de Marte.

La primera vez que conocí la historia de Padilla fue cuando un amigo poeta me enseñó la primera edición de ‘Fuera de juego’, publicada por la UNEAC, en 1968. Me contó por arriba algunas cosas sobre el asunto, y yo leí los poemas, que me gustaron, me parecieron buenos, con bomba, como me gusta decir cuando algo tiene fuerza. En realidad, no recuerdo que haya prestado demasiada atención al asunto –también es cierto que a los jóvenes no nos interesa el pasado sino el futuro y el presente, ¿me estaré poniendo vieja?–, pero en realidad nunca he tenido una conciencia cívica en mi acercamiento a la literatura, quizás tenga que ver con el adoctrinamiento político en el que he crecido.

A raíz del maremoto de e-mails, conferencias y mucha palabraría sobre el Quinquenio gris he releído los versos del poeta –ahora el mismo amigo que una vez me enseñó la primera edición de ‘Fuera de juego’, tiene una nueva edición donde además se incluyen varios textos del ‘Caso Padilla’ como se conoció en esa época, entre ellos la intervención del propio Padilla, una vez puesto en libertad, tras un mes de encarcelamiento.

Dicha declaración se produjo en la UNEAC, el 27 de abril de 1971, y pese a que se publicó en ese mismo año en la Revista Casa de las Américas, yo jamás la había leído.

Me resultó chocante leer los textos anteriores a su detención el 20 de marzo de 1971, donde expresaba su opinión sobre la burocracia oficial de la cultura, a raíz de una polémica acerca de la novela de Lisandro Otero, ‘Pasión de Urbino’. En una de las respuestas que escribió a la redacción del Caimán Barbudo, dijo:

Ciertos marxistas religiosos aseguran por ahí que revolucionario verdadero es el que más humillaciones soporta: no el más disciplinado, sino él más obediente; no él más digno, sino él mas manso. Allá ellos. Yo admiraré siempre al revolucionario que no acepta humillaciones de nadie, y mucho menos a nombre de una revolución que rechaza tales procedimientos. Luego, en esa misma misiva, concluye: A riesgo de parecer ingenuo, creo que ocho años y medio de Revolución, le plantean al escritor cubano nuevas tareas, acaso las más difíciles. No importa que en la estructura aún primaria de nuestra sociedad no pueda desempeñarlas cabalmente. Pero ese día está llegando ya. Entonces no bastará con adscribirse apasionadamente a una razón de estado, por mucho amor y respeto que ella merezca. Como ha escrito recientemente Solzhenitzyn: «una literatura que no capte el ambiente de la sociedad, sus penas y temores, que no avise a tiempo la amenaza de peligros morales y sociales, una literatura de tal índole no merece llamarse literatura, es solamente fachada». Así ejercerá plenamente su tarea en nuestra nueva sociedad, dentro de la Revolución, no a un lado, ni frente a ella, asumiéndola.

En los remotos 70, mi madre ni pensaba en tenerme todavía, y posiblemente, por su contexto, ella nunca se enteró de este poeta que queriendo estar fuera de juego, protagonizó un verdadero play off que desencadenó una suseción de hechos, incluida su autocritica pública donde admitía sus errores y pasaba por encima de todas sus declaraciones anteriores, aceptando su falta, su mea culpa:

(…) yo empecé mi libro como hubiera podido empezar un filósofo viejísimo y enfermo del hígado con un poema que se llama ‘En tiempos difíciles’. Y por ahí siguen una serie de poemas. Este libro está lleno de amargura, está lleno de pesimismo. Ese libro está escrito con lecturas, ese libro no expresa una experiencia de vida, no interioriza la experiencia cubana. Hay que reconocerlo. Este libro expresa un desencanto, y el que lo aprecie lo único que hace es proyectar su propio desencanto. (…) El motor de mi poesía ha sido el pesimismo, el escepticismo, el desencanto. Y ese libro, ‘Fuera de Juego’, está marcado por ese escepticismo y esa amargura. Ese escepticismo y esa amargura no entusiasman y no llevan a la Revolución. Esos poemas llevan al espíritu derrotista, y el espíritu derrotista es contrarrevolución. (…)Y yo esto lo he comprendido muy claramente en mis discusiones con Seguridad. Porque la correlación de fuerzas de América Latina no puede tolerar que un frente, como es el frente de la cultura, sea un frente débil; no podía seguir tolerando esto. Y si no ha habido más detenciones hasta ahora, si no las ha habido, es por generosidad de nuestra Revolución. Y si yo estoy aquí libre ahora, si no he sido condenado, si no he sido puesto a disposición de los tribunales militares, es por esa misma generosidad de nuestra Revolución. Porque razones había, razones sobradas para ponerme a disposición de la Revolución.

Pero nada de esto es literatura sino hechos, nada de esto me dice quién era Heberto Padilla, el poeta. Sólo me da algunos elementos del hombre, con debilidades, ambiciones, miedos, agonías y convicciones… Una lista que muchos hemos conocido, somos humanos, ¿no?
Yo prefiero quedarme con la poesía. A secas. Amén de la Historia.

¿Será posible eso en realidad?

Los hechos sólo ilustran aquello que no vivimos, nos hacernos nuestra propia idea, propia conclusión.

¿Acaso puede ser la Historia tan polisémica como el Arte?

La Historia también se apodera de la Poesía. ¿O es a la inversa?

 

Lien Carrazana Lau, mayo de 2007.

 

 

 

 

EN TIEMPOS DIFÍCILES

A aquel hombre le pidieron su tiempo

para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Le pidieron las manos,

porque para una época difícil

nada hay mejor que un par de buenas manos.

Le pidieron los ojos

que alguna vez tuvieron lágrimas

para que no contemplara el lado claro

(especialmente el lado claro de la vida)

porque para el horror basta un ojo de asombro.

Le pidieron sus labios

resecos y cuarteados para afirmar,

para erigir, con cada afirmación, un sueño

(el-alto-sueño);

le pidieron las piernas,

duras y nudosas,

(sus viejas piernas andariegas)

porque en tiempos difíciles

¿algo hay mejor que un par de piernas

para la construcción o la trinchera?

Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,

con su árbol obediente.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.

Le dijeron

que eso era estrictamente necesario.

Le explicaron después

que toda esta donación resultaría inútil

sin entregar la lengua,

porque en tiempos difíciles

nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron

que, por favor, echase a andar,

porque en tiempos difíciles

ésta es, sin duda, la prueba decisiva.


(Del libro ‘Fuera de Juego’, Heberto Padilla.)

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Aún tantos años después, Heberto Padilla y todos los que piensan como él siguen estando fuera de juego, ese juego que sigue segregando a artistas y ciudadanos cuando no se ajuntan a las reglas de la Revolución.