(Mi ventana de La Habana, 2007)



Un año termina cuando empieza diciembre. Las luces navideñas se han encendido en Madrid. Hoy he visto caer agua de nieve sobre las calles. He caminado bajo cero. Olvido a veces los guantes y me he puesto faldas cortas alguna vez, con el mismo ímpetu critico a las chicas de faldas cortas y medias de malla que caminan como si no hubiera frío, como si no importará más que lucir.
Y se luce la gente, en sus abrigos y sobretodos, las bufandas son alegres, coloridas, sobrias, multicolores. Las calles ya no tienen terrazas, la gente se esconde incluso en lavapíes, el frío merma el entusiasmo hasta que llegas al Centro. Gran Vía siempre está llena, a Chueca, Fuencarral y Sol no le interfieren los pocos grados, somos hormigas corriendo sobre las luces, ojos que se abren y cierran, pestañeo de navidad.
Navidad, no sé que significa la navidad.
Recibo cartas desde Cuba. Mi madre hace cuatro años que no pasa conmigo el fin de año. Tres años antes ella era quien estaba de viaje, tres años antes era yo quien desde La Habana extrañaba su presencia en esas fechas. Es ella hoy quien me recuerda desde allí pensando en ese día que podamos estar juntas otro fin de año, da igual dónde, como si es en Malasia, en Viena o en el Cabo de San Antonio.
Hoy sus cartas me son insuficientes y siento la impotencia de sólo poder abrazar su caligrafía maltrecha.
Me paro frente a esa ventana que me hace viajar a su mundo. Me parece que la he abierto y estoy a punto de salir a tomar el café a la terraza, sentarme al borde del vacío y contemplar el polvo gris sobre todas las cosas, una ciudad que bajo mis pies se deshace como migas de pan. Puedo sentir que me he ido, que esa reja me ha dejado en libertad, estoy del otro lado de la foto, aquel paisaje está sólo en mi cabeza. Pero estoy dentro de la casa, estoy detrás de la ventana, en uno de los sillones, junto a mi madre. Quiero que ese Sol del final de la tarde me traiga el calor que ella está trasmitiendo cuando piensa en mí. Para que esta navidad no sea tan fría por dentro.
Porque la ventana está ahí, pero no puedo cruzar, y hay algo macabro y triste en todo eso.

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