(Foto: Google imágenes)

He escuchado todo el día hablar de los Derechos Humanos. Claro, era ‘el día’.
Siempre me ha parecido absurdo lo de celebrar un día de ‘algo’. ¿Acaso no son todos los días de los Derechos Humanos?
Sí, ya sé, que firmaron un día como ayer de 1948 en París la dichosa declaración, y sé también que necesitamos fechas en la memoria histórica para recordar lo que somos. Y yo hasta me puedo emocionar con la algarabía de los protestantes por causas justas, puedo hasta tener ganas de salir a manifestarme. Quisiera manifestarme por algo en lo que creyera…
Pero soy de una generación, de un mundo, de un país de descreídos. Quizás me fui con la esperanza de creer. Quisiera pensar que no perderé esa esperanza, que no se extinguirá como la de muchos, con la muerte y el olvido. Creer, ese es mi problema.
Me gustaría creer que los 30 artículos de los Derechos Humanos pueden llegar a cumplirse algún día. Me gustaría pensar que detrás de esas palabras ‘justas’ existe un significado, pero el día ha acabado, en Cuba detienen a una treintena de personas por pensar diferente, en China más detenciones, Grecia lleva 5 días de violencia, la guerra se extiende por el mundo árabe, el rasismo cobra vidas diariamente, deportan a miles de emigrantes que escapan de la miseria, de la represión, mujeres musulmanas son privadas de la educación y de su condición humana; y yo miro en el telediario la pomposa entrega de los Premios Novel de la Paz, sin comprender ya que significa esa palabra: ¿paz?
Sé de quienes nunca han vuelto a ver el territorio de su infancia, a quienes le han prohibido la Patria, como si alguien tuviera derecho sobre el Mundo, ¿derechos? ¿de qué?
Si no se conocen esos supuestos ‘derechos’ no se puede tener acceso a libertad alguna, a beneficio alguno de esa humanidad que cada día vulnera esos derechos.
Hoy por primera vez he leído estas palabras que el mundo entero celebra y que yo desconocía, porque, en Cuba también es un pecado silenciado conocer esta declaración universal…
Y tristemente, al leerlo he comprendido que son palabras bonitas y vacías, porque no existe lugar en el mundo libre de omitir alguno de esos mandamientos humanos.

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