Uno de mis sueños cubanos era tener una Mac.
Era sobre todo un deseo de Lindomar que yo compartía, deslumbrada por los colores del ambiente tiger que unos asiáticos habían ‘cachareado’ para que corriera sobre PC.
En Apple, el diseño y el buen gusto, tanto del hardware como del software, nos fascinaba, pero en Cuba sólo unos pocos elegidos podían tener un ordenador Mac. Bueno, tener un PC ya era complicado antes de la reciente liberalización comercial de los ordenadores en la Isla a principios de este año, y aún eso sigue sin significar mucho debido a sus elevados precios y a los empobrecidos bolsillos de los cubanos.
Mi sueño, sin embargo, se cumplió en España. Ahora formo parte del mundo Mac, desde mi primer empleo (un estudio de diseño) hasta la oficina de la redacción donde hoy trabajo usan tecnología Apple, Lindomar también cumplió su sueño y lo comparte conmigo, pero lo que me hace quizás feliz de manera particular es tener mi ‘personal computer’*, un simpático ‘huevito’ prestado (mil gracias a Y.) desde el cual escribo este blog, mis cuentos, leo en internet, trabajo los fines de semana y cumplo parte de ese sueño a medias todavía, pero resuelto de algún modo, hasta que pueda una de estas navidades venideras, sucumbir a anuncios navideños, y llevarme de un Apple Store una Mac book pro por ejemplo…
Porque si hay que soñar, soñaré en grande.

Campaña publicitaria de Apple en Navidad


*Para alguien como nosotros que realizamos nuestro trabajo casi íntegramente usando un ordenador, es muy complejo compartir el mismo, siempre hay uno que se queda sin trabajar, mientras el otro resuelve. Sin olvidar que el término ‘personal computer’ lo dice todo.