He encendido el ordenador después de una semana sin acercarme a él. Tenía muchos correos sin leer, y muchos más sin responder. Entre ellos leo el programa de la Feria Internacional del Libro de La Habana que ocurrirá entre el 12 y 22 de febrero.

Es un calendario enorme, algunos de los nombres de autores no los conozco y/o no me interesan, instintivamente busco a alguno de mis contemporáneos entre los nombrados.
Hay tres o cuatro, algunos son nombres recurrentes, y otros casi se estrenan, para mi alegría hay presentaciones de dos libros de mi amiga Evelyn Pérez, (premio UNEAC 2007 y premio Calendario 2008). También está ‘Cuerpo Público’, de Mairelys Ramón (Premio David 2007). El chino Encinosa Fú y Raúl Flores estrenan libros, (por curiosidad ¿por cuántos irán ya? ¿nueve, diez, doce?), ellos son los escritores jóvenes que compartían conmigo un café en el roñoso bar de la calle G o colaboraban para mi revista digital ‘La CAJA de la china’, ellos han conseguido lo que yo no logré: publicar en Cuba.

Cuando me fui llevaba tres o cuatro años escribiendo sin parar y enviando a todos los concursos, casi la única vía de publicar en aquel país: ganar un concurso, que un jurado se fije en ti y sólo en ti.

Algunos jurados se fijaron en mí, pero no lo suficiente. Tengo tantas menciones que ni quiero mencionarlas, en casi todos los concursos que envié terminé con una primera mención o con una mención a secas, y algún miembro del  jurado que luego se acercaba tímido a decirme que mi libro era bueno, pero que por mayoría…

Sí, será difícil escribir estas líneas sin que en ellas vean algo de resentimiento. Pero no es ya ni eso, ni siquiera es tristeza. Me había esforzado mucho, pero no era suficiente nunca. Un día una amiga se me echó a llorar por haber ganado ella un concurso en el que yo quedé ‘mencionada’.

A los mencionados no los publican, así tengan miles de menciones, eso en Cuba no cuenta.

La única vez que gané un premio de libro con publicación incluida no pude ir a la ceremonia, me enteré por teléfono, me enviaron un espantoso diploma, meses de lucha para recibir el cheque y el libro hasta el día de hoy, que me conste, no se ha publicado.

Estando en España supe que había recibido otra mención, esta vez en el Premio UNEAC 2007 de cuento, ya había olvidado ese envío al concurso antes de viajar. Pero ya daba igual, me fui de Cuba aceptando que ya había pasado mi cuarto de hora de publicar en la islita, pero un día recibí un correo de un editor pidiéndome un libro para imprimirlo. Justamente ése que ya tenía dos menciones, David y UNEAC.

Se lo envié, con algunas modificaciones y un cuento nuevo que había terminado aquí, era algo inusitado y a pesar de que ya me parecía absurdo publicar allá, lo acepté con entusiasmo.

El editor, que dicho sea de paso, como casi todos los editores cubanos, representa a una institución estatal, un buen día y luego de mucho tiempo donde intercambiamos correos, me hizo sugerencias, quitamos un cuento del libro, y me comentó su disposición a publicarme, incluso habló de un par de meses de espera para zanjar proyectos anteriores…

Sin embargo, un día recibo un correo donde me comunica que ya no me publicarán. Argumentó que pese a sus deseos debían priorizar a escritores jóvenes, pero entre los que me mencionaba muchos rebasaban mi edad (¿es que soy una escritora prematura?)
Al final, la razón esencial objetada: ahora no vives en Cuba.

Llevo un año y cinco meses fuera de mi país y ya no tengo derecho a nada, como si fuera una apestada, una asesina, como si hubiera cometido algún delito.
La cultura no debería tener de verdugo a la política.

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