9 menos
Estábamos filmando ‘One Way’, uno de los videos de la muestra, en las escaleras mecánicas de la estación Alonso Cano, entre tren y tren podían pasar 7 minutos en las que me costaba concentrarme, me mareaba o no alcanzaba el ritmo deseado… Había que subir y volver a bajar y subir…
Esperando que los pasajeros del metro recién llegado se esfumaran escaleras arriba, vimos bajar a un vigilante de seguridad. Nos preguntó si le habíamos pedido permiso a Metro para filmar. Dijimos que no, pero que era una cosa muy sencilla, un trabajo de clase –todavía podemos fingirnos estudiantes- pero el señor no entendía: hay que pedirle permiso a Metro. Se lo pido a él, pero el vigilante asegura que él sólo vigila, tengo que pedírselo al jefe de no sé que: una señora en la taquilla que me dijo que podía seguir siempre que no filmara al personal…
En Cuba no hay metro. Esta obra no hubiera sido posible allí porque las escaleras mecánicas están en espacios restringidos (hoteles, centros comerciales), no creo que me hubiesen dejado filmar solicitando simplemente unos minutos. Hubiera requerido de permisos meses mediante, o quizás un: NUNCA habría sido la respuesta en el aire.
Terminamos de filmar el video. Logré concentrarme usando el clásico un, dos, un, dos, un, dos… para bajar unas escaleras que se me resisten, pero hay que intentarlo. Alcancé la sincronización y la logré estabilizar cuando la misma señora que antes estaba en la taquilla aparecía de la nada diciendo que ‘aquello’ era un poco peligroso…
Me detuve porque ya no hacia falta más tiempo, tenía las manos negras de aferrarme a los pasamanos, pero tenía una agradable sensación, en unos minutos se había roto la barrera de la realidad y las ideas, se habían juntado. Cuando eso ocurre es un subidón de adrenalina, uno se siente fuerte, poderoso y humilde a la vez.

8 menos
Levantarse y llevar a rastras el cuerpo por pasillos, calles, portales, hasta la oficina. Que el café de la mañana levante lo que queda dormido en uno. Reorganizar mi agenda mental. Entregar algunas invitaciones entre mis compañeros de trabajo. Algunos bromean con querer colgarla en el picaporte de la oficina.
Estoy cansada y apenas es lunes, faltan muchas cosas por hacer a pesar que llevamos varios meses planeando el proyecto. Estoy contra reloj y doblando turno, cuelgo los guantes del trabajo a las 20 horas y al llegar a casa descuelgo los de nuestro proyecto, diseñar, corregir textos, confrontar ideas, hacer llamadas… En La Habana teníamos 24 horas al día para la creación, pero llegaba un punto donde me sentaba en el piso de la azotea y miraba a lo lejos, me perdía en el humo del cigarro, pensaba en otros mundos. A veces ese sentimiento evasivo me impedía crear cualquier cosa, así fuera un café para acompañar el cigarro. Otras veces me daba fuerzas para hacer obras. Lo que me impulsa ahora quizás sea el reto de ‘forzar la máquina’ para no renunciar a lo que deseo mostrar.

7 menos
Falta una semana para la inauguración de nuestra exposición. Convino mis obligaciones cotidianas con el cierre del proyecto –nunca mejor dicho para una expo que se llama ‘CLOSED’-. Tengo que confesar que hasta me han entrado ganas de fumar de nuevo, con el paso de los días la tensión se acentúa, lo queramos o no, tengamos todo listo o nada, es igual, siempre termina uno por ponerte tenso, aunque se trate de organizar algo que da disfrute, que es imposible de contener, soy casi incapaz de idear una obra sin pensar que su finalidad va a ser exponerla. Creo que el sentido que la completa es ese, mostrarla, aunque el resultado de ese diálogo público-espectador no sea siempre como uno espera, ¿pero qué espera uno en realidad?
Cuando trato de hablar sobre mi trabajo visual me siento un poco incapaz, escojo las imágenes para contar historias que no son literarias, de ahí que las palabras se enreden, me resulten redundantes…
Martes, una semana exacta y esta vorágine de trabajo desaparecerá, pero todavía queda mucho por disfrutar ‘trabajando’ hasta el martes que viene.