Se telefonando/2, iaia cocoi


2:45 a.m.

Tiene lágrimas negras, como mi vida…

Afuera oscuridad
Madrugada
Habana
¿Redundancia?

–Si, porque yo quisiera ser incienso derramado, hombre disparado a entregarse al juego, música de bares y cantinas, cantinas aff, esas cantinas de la memoria. Ese bar del pasado con vitriola y borrachos pintorescos, con taburetes y mesas de madera, con luces alcohólicas y travestís, con amigos del momento, anónimos, entrañables.

(Celina González en canción de Ñico Saquito: Dime qué te pasa corazón, no puedes vivir ya sin su amor...)

–Me gustan las cajas rojas de los cigarrillos. Me he vuelto muy cool de gustos, muy sofisticada para algunas cosas.

Dime qué te pasa corazón, no puedes vivir ya sin su amor… y no llores te lo ruego, no preguntes el por qué tú me quieres yo te quiero eso es todo lo que sé y no te puedo querer…
Volveré si me escribes tan solo alma mía diciéndome así:
Que estás sola, muy sola alma mía, y tan sola no quieres vivir…
y si buscas otro amor hallarás soledad, porque todo el que olvida recoge esquiveces por doquiera que siembre la flor de amistad…

Tatuaje de manos que marcan el cuadrante de este espacio. Tatuaje sin sentido, y sí, mis manos son bellas, aunque “bellas” sea una palabra ilógica, abstinente. Aunque siempre haya ojos o preludio de ojos mirando y sean ojos inocuos, descuidados, ojos en un idioma extranjero. Ojos que no entienden el tatuaje de estas manos, finas y largas, que danzan sobre el ordenador. Al ritmo de la vieja trova santiaguera.

2:55 a.m.

De otro día o otra noche: con calor, con un hola desde el viejo continente al teléfono, y no quiero que tus labios me pregunten el porqué…
Explicarte no podré y no llores te lo ruego, explicarte no podré…

pero ese hola telefónico es como un latigazo de vida, extraño latigazo, donde yo reconozco que mi vida no es una mimesis de objetos y tareas por cumplir. ES algo más.

4 y 25 a.m. otro domingo

Algo más: Recordando que la oscuridad es mi cómplice, un Pedro Guerra con Daniela por dentro está llena de puertas… a veces sales y a veces entras….

Hacer el amor.

La vida es una sola, es cierto, y qué puedo hacer yo si sólo una vida tengo y estoy atada a ella como un terco naufrago a su tabla, a lo mejor dejarme llevar por la corriente sería mejor, pero no, yo seguí atada al camino bajo mis pies como quien comprende que es demasiado pedir otra cosa. Como quien se resigna a calmar su sed solamente con agua.
Conformidad, esa palabra maltrecha, escurridiza, obstinada. Esa palabra hiriente como una bomba de tiempo en las manos. Esa dudosa palabra.

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Escritura en proceso, noches de La Habana para cronometrar el tiempo.