Se dice que Julio Verne no viajó mucho, que un día salía de su Francia y algo le conminó a regresar para no marchar más. Sin embargo, desde su espacio de origen se erigió en uno de los creadores más relevantes de un futuro que tal vez haya sido concebido diferente a cómo lo percibimos hoy: para la modernidad el futuro era soñable y probable. Ya hoy no podemos percibir con esas ansias lo porvenir, porque vivimos una pérdida de paradigmas, la ausencia de un telos o estado modélico. Y el espacio se mantiene cual refugio, defensa, escudo de nuestra existencia. No sentirnos en nuestro espacio, nos crea una incertidumbre casi total. Por ello, mejor crearnos nuestras dimensiones personales, antídotos contra lo que nos atenta como seres.

De donde provienen Lien Carrazana y Lindomar Placencia, archipiélago que padece de cerrados poderes y lo han convertido cada vez más en isla, muchos sufren la inmovilidad; y dentro de esos muchos, algunos hemos fabulado otros contextos menos enclaustrados. Por eso se ha desarrollado una capacidad quimérica casi joyceana, casi homérica, que de cierto modo se traza como eje en la exposición Closed de estos dos creadores, que se exhibe por estos días en la galería madrileña Luz & Suárez del Villar.

El texto está publicado completo en ‘Closed’ para descreídos, de Frency Fernández en CUBAENCUENTRO.com

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