Desplazarnos se ha vuelto un problema para la gente ‘de a pie’. Puedo decir que el metro es un recurso eficaz viniendo de donde vengo. También sé que con un automóvil llegan otros problemas (la gasolina, el parquímetro y esos ‘simpáticos’ ponemultas…). Constantemente escucho a la gente quejarse del apiñamiento que vivimos. No cabemos en ningún sitio. Repletamos autobuses, tranvías, aviones, cayucos, taxis, edificios, ciudades, y créanme que cada día ponemos en evidencia lo bajo que podemos llegar para reclamar nuestro espacio con uñas y dientes. Aunque no sea nuestro.
Los africanos intentan cruzar la cerca de Melilla a riesgo de quedarse colgados de las púas, a riesgo de morir en la boca de un tiburón sigue la gente lanzándose al mar, da igual si es el Caribe o el Mediterráneo, da igual si fueron mis abuelos españoles huyéndole al hambre, o mi abuelo chino engañado como a ‘un chino’.
Da igual si soy yo cambiando La Habana por Madrid.

Ha sido un empezar de semana tranquilo, ‘un lunes como otro cualquiera’, que no quiere decir peor o mejor, la rutina se matiza con pequeños elementos que dan color a los días grises: conectar con los amigos, así sea a través de un mail, un chat o de una llamada, coincidir mágicamente en el espacio y el momento justo, y seguir de largo, porque cada uno lleva su banda sonora y su guión personal en esta película gratuita que es la vida.

Bunbury en ‘Porque Las Cosas Cambian’, del disco Hellville De Luxe (2008), un poco de mi banda sonora de hoy… habrá a quien esta música no le guste, pero se la dedico a todos los que pasen por aquí y a los que han construido con su presencia mi lunes.

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