Hoy recibí vía e-mail la revista digital 33 y un tercio, que coordina Raúl Flores desde La Habana, y clickeando página tras página evocaba esa época de escritura habanera, cuando era yo otra de esas frenéticas muchachas del Tópico que escriben compulsivamente para sacarse tanta catarsis vivencial, para desahogar el doloroso letargo de la ínsula, para salvarse o protegerse, para sentirse vivo, auténtico, esencial, porque es el salvavidas, la consecución de un proceso mental, un capricho, un deseo.
¿Cómo se escribe en La Habana?

Se escribe con los intestinos sobre el teclado, con las vísceras por fuera, se escribe estrangulando los pensamientos, se escribe como si se respirara letras, como toxicómanos de la palabra. Y también se escribe por snobismo, por rabia, por mimesis, como si la escritura fuera a librar de la mediocridad, como si redimiera de la inexistencia.
Pero escribir es sólo un acto de resistencia. La literatura llega mucho después de ese performance textual.
La Habana tenía algo que me impulsaba a escribir, un dolor, un tedio, una tristeza crónica que me hacía refugiar en las palabras. Hoy escribo desde otra latitud, no sólo por esta escenografía europea, sino por la falta de ese tedio que me oprimía y que ya no siento, sin embargo, sé que desde él se escribe mucho, y a veces resulta que hay que agradecer que eso que nos duele nos haga sentir vivos.
¿Cómo es escribir en Madrid? Lo estoy descubriendo ahora…
Mientras leo un poco de lo que llega de la Isla, este cuento de Anisley Negrín a quien no conozco, pero algo en sus palabras me trae recuerdos de la muchacha que fuí cuando escribía en Cuba.


morir por los ojos (II)

Déjate caer, golondrina (…),
arranca estos ojos que miran sin ver.
Julio Cortázar

Tampoco el cadalso es un terreno neutral. Nadie se llama hombre o mujer, nadie tiene nombres, sino funciones que se cumplen casi inconscientemente.
El público, morboso, se regodea con la muerte ajena. Sus gritos no se distinguen unos de otros. Juntos forman un vocerío indefinible de quienes se emborrachan con la sangre, y una cabeza cortada es el mayor trofeo para un niño.
Aquí estoy yo, un verdugo común, con un pasado perfectamente olvidable como el más común de los verdugos, y un futuro que depara sólo más cuellos a cortar. Sobre el tocón de madera descansa un blanco cuello de mujer. Luce tan calmo como un arco tensado o, si se quiere, una golondrina: su poder radica en su debilidad. Es otra de los que se han rebelado contra la corona en estos días, ¿quiénes no lo hemos hecho alguna vez? Donde el cuello, yacen sus pensamientos, tan nocivos para el gobierno, sobre el tronco en el que mucha gente, quizás demasiada, ha perdido la cabeza. Cabeza y pensamientos que irán a parar al mismo lugar, una vez desprendidos del cuerpo. Debió haberse desmayado un par de veces, todos se desmayan, el olor a sangre termina por saturarlos, es detestable cómo sólo soportamos nuestra propia peste; pero no lo hace. La condenada es de otra especie. Me mira con sus ojos limpios que tanto me recuerdan la tristeza encharcada en las pupilas de las vacas. Me busco en ellos y es en vano, muestran el paisaje de un campo de abundante hierba que invita a pastar esperando la eternidad. No tenemos paisajes semejantes. Aquí la tierra es árida y hay niños que nunca se han bañado en un arroyo. Pero ahí están los ojos de vaca de esta mujer, que se perderán dentro de poco en la inmundicia de un estercolero de cabezas, sin que nadie se hubiese detenido a mirar, a sumergirse en ese mar de pasto verde, a rumiar un bocado de hierba durante todo un día sin temor a que se agote o se marchite con los vientos, las tormentas, la sequía. Imposible de marchitar es la hierba que crece tras esos ojos, desbordantes de tristeza. De pronto, me acucian unos deseos irrefrenables de convertirme en vaca. ¿Me haces un favor? —le digo, aunque no me responda— Toma mi hacha.

Cuento de Anisley Negrín tomado de 33 y un tercio – No.12

33,3 – No12 (Don’t Freak Out)

Número 12 de la revista literaria ’33 y un tercio’, titulada esta vez Don´t freak out, con colaboraciones de Daniel Díaz Mantilla, Orlando Luis Pardo, Gelsys García, Anisley Negrín, Jorge Ferrer, Lia Villares y Rogelio Saunders por la parte nacional.