He estado descubriendo blogs.De todos tipos, ideologías, discursos, nacionalidades. La web es un universo infinito, mi mapa virtual no cubre ni el 3% de la www. Lo que más me gusta de internet es que todo puede enlazarse, acceder de un link a otro y llegar a sitios insospechados. Ahí descubres que hay mucha gente como tú, pensando y dando a conocer aquello que piensa, que a veces, se parece mucho a lo que piensas tú. Otras gentes te sorprenden por su capacidad para ironizar con la realidad, con un humor que tú no tienes pero que te hace reír, adoro los blogs que me hacen reír, donde blogger y comentaristas completan esa puesta en escena de una opinión, como dice un colega del trabajo: ‘un blog que no tenga posibilidad de ser comentado no es un blog’.

Das con gente a la que no quieres parecerte porque están a muchos años luz de la libertad de expresión que quieres (tienes) en tu vida. Los hay admirables, locos, desarrapados, gente excepcionalmente sencilla y especial, ante los cuales a veces uno se siente algo más cotidiano.

Pero también encuentras en la blogósfera mucho mal gusto y cero imaginación. Mucha cutre chea awful verborrea digital, me agreden los jpg’s pixelados, los banners chillones, los cliché estilísticos en lo visual y lo textual, aburridos blogs post que pueblan la red como la gente ordinaria puebla el mundo.

En la web hay de todo como en la realidad, no hay división, porque necesitamos de la una para llegar a la otra, y viceversa. Muchos hemos utilizado la red para ampliar campos de creación, para exponer y compartir ideas, dejar un calendario de nuestro pensamiento. Lo cierto es que se hace de todo, se vende y se compra, se comparte y reparte, se hace el amor y la guerra, se folla virtualmente, se cibermata, algunos juegan ajedrez, comparten en twitter ideas a lo haiku, alguien lleva su vida como un reality show, exhibe cada día una foto de su cuerpo que envejece lentamente sobre ciudades de este planeta. Hay disidentes de todo, ciberperiodistas, ciberciudadanos de un país sin construir, ciberfamosos, ciberpolicías, ciberlacayos, y podemos ponerle a casi todo la ‘ciber’ conjugación para estar a tono con la duplicación de nuestro mundo en la red.

Comunidades. ¿Será que sigo siendo un animal de manada sin manada?

No me siento demasiado a gusto formando parte de un conglomerado, a la larga no coincido con tanta gente en opiniones e ideas, en proyección y filosofía de la vida, quizás sea el efecto repelente de mi impuesta colectividad insular, quizás es esa certeza de que ‘iguales’ no somos, que en nada nos parecemos, y en eso justamente empiezan las semejanzas.

Después vienen las impostergables referencias, vengo del mismo lugar que otros 11 millones -¿y más?-, cubanos diseminados por el planeta, con ellos comparto la preferencia por los tostones, el recuerdo del período especial(mente jodido), la maldición de una dictadura de 50 años que parecen miles, pero ¿en que me parezco yo a mi vecina del solar habanero, en que me parezco a un periodista independiente que reporta desde Morón, en que me parezco a una bloguera del Vedado que envía post por e-mail a un amigo en Australia, en que me parezco a cualquier otro cubano que ande por alguna calle de Helsinki?

Si un sentimiento me interesa perpetuar de semejanza, aunque estoy consciente que hay miles, si en algo me parezco a otro cubano va a ser en la necesidad de que un día mi país sea democrático, que la libertad de expresión no sea un pecado, que haya derecho a la disidencia, porque disentir es ejercer la libertad.

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Este post es a propósito de una petición de la blogósfera cubana de libertad de expresión, libre acceso a internet, a la entrada y salida del país, libertad a los presos políticos, libertad para Cuba. Debo decir, ejerciendo mi derecho a disentir, que no creo en iniciativas como estas, al menos que el poder mediático rebase lo ’ciberlocal’ y aunque esa “petición” no sea atendida por el gobierno castrista, al menos tenga su eco en el mundo aunque sea para recordar la vergüenza de tantos ojos vendados ante la falta de derechos.

Pensar en Cuba me deja sin opciones, el encierro que viven los que están en el país, esa separación forzosa entre los que están dentro y fuera, detesto laetiqueta de cubanos de dentro y de fuera, pero es “la cruda realidad”, estamos divididos, en muchos sentidos, desorganizados, como me dijo un amigo cuando comentábamos vía chat de las aberrantes discusiones, los odios, y desidias de la blogósfera cubana. Absurdo, pero el cubano odia a su manada. Lo veo y me deja asqueada, aburrida, deseando evadirme en noruega, en finlandesa, en descendiente de otras guerras y otras migraciones, y lo único que me retiene de esa larga carrera de huida es que sé lo que no quiero, no quiero que pasen otros 50 años y todo siga como una ridícula canción pop: igual.

De ahí que pueda ser efectivo, aquello que Ortega y Gasset dijera: “En tanto que haya una persona que crea en una idea, la idea vive.” O como escribiera José A. Pérez: El derecho a la disidencia.

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