Yes Man o cómo aprender a negarse
Viernes, 19 de junio

Carl dirá sí a todo y descubrirá que sólo se puede decir YES cuando de verdad se desea, pero hay que aprender a desear.
La película me divierte, me hace reír y pensar un poco al mismo tiempo –aunque no hay garantía alguna de que lo haga igual sin ella– pero ahora mismo no quiero juzgarla como la cinéfila que no soy. Me deleito con las mil máscaras de Jim Carey y hago asociaciones absurdas, recuerdo la canción del grupo Van Van: sin miedo en Cuba se puede decir yes… dice el estribillo con énfasis, pero ¿si a qué?
A veces aprender a decir NO es más importante.


Cita con Vargas Llosa para oírle hablar de Onetti
Miércoles 17 de junio, Conferencia en Casa de América

Los flash preceden al maestro que se deja fotografiar casi como un actor sobre la alfombra roja. Le sigue una representación teatro-audiovisual de un cuento de Onetti. Detesto que me rebelen de esa manera inescrupulosa un cuento que no me he leído, maldigo un poco ese momento, mitigado tan sólo por la graciosa paradoja de ver a Vargas Llosa sentado entre el auditorio, observándose a sí mismo interpretar junto a una actriz un texto de otro.

Pero no importa demasiado hoy pensar en el escritor vivo, que trajeado y elegante, habla con la sabiduría del talento, con la pretensión del que se conoce, con las vivencias que nadie puede arrebatarle, él es Mario Vargas Llosa pero hoy importa Onetti. 
Onetti, el escritor muerto, el solitario, el amante furtivo de la literatura, el que prefería la soledad del silencio y el whisky a la multitud de las fiestas. Trato de traspolar a un Onetti vivo a este lugar pero no lo consigo. Le veo huidizo de los fotógrafos, apabullado por este conglomerado de 400 personas dispuestas, aún tras su muerte, a seguir buscándole en aquellos que le conocieron.


El Ray Loriga que yo conocí
Sábado 20 de junio

No me enseña ciudad alguna, no hay tiempo ni lugar que signifique más que la naturaleza misma de la historia. No hay decorado, nada que pueda desviar hacia ventanas de colores, pajaritos, jardines con formas, nada. Desde lo superficial Loriga toca la esencia de las cosas:

«También se puede contar una historia con cuidado, como quien entra en una tienda y teme tocar nada, pues no puede condenarse a una compra ni a una deuda.»*

El Ray Loriga que yo conocí no se puede afirmar que pertenezca a nuestro siglo de comida chatarra y mujeres con maquillaje que follan al aire libre. Sus personajes son atemporales y eternos –y quizás en este caso es lo mismo-. Un oficial es todos los oficiales, porque la guerra no se inquieta por etiquetar nombres.
Descubrirse entre la multitud, existir por un motivo, dar paso a ese gesto único que marca la diferencia, ese gesto inexplicable. El impulso de nuestro yo.

«(…) Digamos que hemos poblado los sueños de ladrones, digamos que en realidad estamos solos. Digamos que la ira se agota y la bondad no acude. Digamos que en la historia no buscamos más que nuestra presencia y que en la batalla solo nos importa aquello que nos señala, aunque sea la muerte.
El oficial se derrumba pero sabe que no tiene más remedio que levantarse.
Así, precisamente se hacen los hombres. »

‘Los oficiales’ de Loriga son todos y sólo uno. Su cuento es todos los cuentos, pero es un cuento excepcional. Después de conocer a este Loriga no sé que pueda pensar del otro, ese que escribió ‘El hombre que inventó Manhattan’, ese que aún no he leído.

*Citas del libro ‘Los oficiales y el destino de Cordelia’, de Ray Loriga, El Aleph ediciones 2009.