El extraño caso del video secreto de Lage y Pérez Roque

Ni agentes 007, ni tramas de ficción de algún best-seller policiaco, es la historia inmediata de mi país: tres altos cargos del régimen castrista fueron espiados por el Gran Hermano comunista, les dieron cordel por más de un año hasta que reunieron “pruebas suficientes” para decidir que no son dignos seguidores de su legado.

«La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos», escribe en sus in-flexiones el 3 de marzo de 2009 el Blogger-en-Jefe ⎯como apoda el exiliado cubano Jorge Ferrer en su blog a Fidel Castro⎯ quien automáticamente a mitad de artículo salta para la pelota, deporte nacional cubano, y aseguraba que sus peloteros son «hombres de patria o muerte», que debían regresar del Clásico Mundial «con el escudo o sobre el escudo».

Pero unos juegos más tarde, el equipo Cuba vuelve del mundial sin ningún premio. Como sin premio alguno se encuentran los ciudadanos cubanos que aspiran diariamente a que algo cambie en esa isla, pero todo cambio se nos niega, un día tras otro.

En Cuba todo parece ir en clave de béisbol. «No me pasaron la bola», aseguran que dice Carlos Lage cuando se entera de que no será el segundo al mando en el gobierno de Raúl Castro. Ese lugar es para «el fósil viviente» de Machado Ventura, como le calificarán los comensales de una fiesta donde Lage y Pérez Roque asistieron, según cuenta El País al referirse a ese vídeo ultrasecreto que pocos han visto, ni siquiera los reporteros internacionales que hoy comentan sobre ello. «Al principio fue exhibido sólo a dirigentes, pero ya está siendo proyectado a militantes de base del PCC, que para verlo han de dejar móviles, bolígrafos, bolsos de mano y número de carné de identidad antes de entrar a la sala de proyección», según cuenta el periodista español Mauricio Vicent.

El vídeo secreto que inculpa a estos exdirigentes es reseñado este domingo en artículos de periódicos y blogs. Se me antoja que se pueden construir miles de versiones textuales de dicho video, pero ¿llegaremos a verlo con nuestros ojos? Se me hace escurridiza la verdad, tendenciosa cuando se trata de mi país. Ya no me creo nada, he sobrepasado el límite de mi credulidad. La verdad es una caja china dentro de otra y de otra…

Puede que la paranoia se haya instaurado en nuestras vidas desde el nacimiento, puede que nunca más encontremos otro modo de analizar lo cubano que no sea desde la desconfianza, la que me produce ver como esa “revolución” devora a sus hijos, la incredulidad del que no entiende que se esté jugando a la guerra del espionaje mientras el pueblo ⎯vaya palabra maltrecha⎯ sólo pide jama (comida).

No me hacen falta vídeos secretos para imaginar que estos señores, otrora relevo generacional de ese comunismo tropical, hoy sus títeres estropeados, se daban el lujo que el poder garantiza, asistiendo a fiestas que un ciudadano cubano medio jamás hará, favores a empresarios, corrupción, burlas e hipocresía; lejos de sorprenderme me da risa que algunos de ellos insulte privadamente a dinosaurios del comunismo cubano como Machado Ventura, pero eso no los coloca del mismo lado que yo y otros miles de cubanos que estamos hartos de tanta injusticia.

Cayeron en desgracia, son out a las mallas, y su destino aún es tan benévolo que un tipo como Carlos Valenciaga hoy trabaja en los archivos de la Biblioteca Nacional José Martí. “Lo archivaron”, podría decirse, ¿ahora asistirá a “pachangas” con su salario de bibliotecario?

La voz populi fantasea con que Pérez Roque tiene la nueva ocupación de conductor de taxi, da gracia imaginarlo en bermudas y chancletas conduciendo un carro americano de los 50, yo lo podría un tanto más naif, sudando y soportando las pregunticas de los clientes… En un tiempo se especuló con el suicidio de Lage, un personaje como él daba para ese papel del hombre recto que ve truncado su futuro político y se quita la vida como un japonés que se hace el harakiri. Pero todo eso no es más que esa bola que corre entre la multitud, se difunde por las redes y los teléfonos, se susurra a la hora del dominó, esa bola que pica y se extiende, como ese vídeo secreto de Lage y Pérez Roque que todos queremos ver, pero que el mundo no conoce todavía.

Mientras tanto, dejemos la bola correr deseando que estas aberraciones del poder haga que el régimen se hunda en su propia desconfianza, que se queden viejos y decrépitos, solos, que se autodestruyan. Que el mundo despierte de una vez y le dé vergüenza estrecharle la mano a una dictadura.

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