que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.*

Hay mañanas en que despierto intentando agarrarme al sueño, a sus últimas imágenes que se diluyen mientras una parte de mí intenta escapar de ellas. Regreso una y otra vez a Cuba, con pánico al descubrirme allí, con la duda de si regresaré… ¿A dónde? ¿Cuál es mi lugar?

Mi memoria, deficiente y selectiva, olvida los sueños con facilidad, los malos más. Persecuciones, fracasados intentos de volar, caídas al vacío; hay escenarios que quizá se repitan justo por ese olvido, pero no importa buscarle una teoría. Despierto siempre. 

Yo sueño que estoy aquí,
de estas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.

Estoy en mi barrio. Hay un sol incandescente que llena todo de una luz cálida. Tengo que comprar algo, no sé qué es, pero me lo están vendiendo. Pago con un billete de 50 euros. El cambio son unas monedas que empiezo a guardar trabajosamente en la billetera mientras la dependienta coloca los billetes sobre el mostrador. Una mano rápida los coge y desaparece. Eran 35 CUC y yo me sentía ultrajada. Salí a la calle, en las esquinas gente negra, mestiza, en short y chancletas, gente desocupada, ni rastro del ladrón. Me alejé de la bodega. No me importaba tanto el dinero como el sentimiento de frustración por ser robada así en mi propio país, sentía que le estaban robando a mi madre, a mi familia, a gente con tanta necesidad como cualquiera, a mí misma años atrás en un cuarto de La Habana Vieja.

sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

En los últimos instantes llego a tener conciencia de que todo no es más que un espejismo, y digamos que no demasiado agradable, aún así, insito en continuar dormida, quiero retener el color de las calles; si me pongo de suerte casi se respira el mismo aire, y logro conservar sensaciones gratas y familiares.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Soñar con Cuba es el síndrome crónico del exiliado. Una pesadilla que se repite en otras almohadas desde cualquier punto del planeta. Población flotante de un país imaginario.

Lo feliz de despertar es reconocerme en el presente, sea cuál sea el lugar, pero quiero ser yo la que elija. Lo triste: saber que se me está vetado elegir donde me es realmente legítimo; huérfana de patria sólo me queda convertir la pesadilla en ilusión. Un día más.

 

 

POSTDATA:

15 años y dos días después del Maleconazo, el sueño de libertad no llega. (Foto de Karel Roort tomada del blog Desarraigos Provocados)

*Fragmentos del poema ‘La vida es sueño’, Calderón de la Barca.

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