En China el número 4 es de mala suerte. En algunos edificios evitan que los apartamentos posean los números 4, 14, 24… Me han contado que en Estados Unidos ocurre similar con el 13 en algunas habitaciones de hotel. "Martes 13: ni te cases ni te embarques ni de tu casa te apartes", dice el refrán popular en una de sus variantes, y los cubanos podríamos agregar la fecha de hoy a esa saga de supersticiones malditas, porque un día como hoy, aunque no lo queramos, terminamos recordando que la Isla se viste de falso jolgorio, de falacia festiva para rendir culto a un dictador que quiere cumplir 120 años, y que posiblemente los cumpla en su tranquilo retiro de (re)flexionador en jefe; mientras hay mujeres cubanas que hoy intentarán no parir, hay quienes en este día llorarán a sus muertos, quizás muertos tan jóvenes como mi ex novio Jorge, quién merecía vivir 120 años porque tocaba la guitarra flamenca como nadie, pero la muerte se lo llevó por el año 2001 con menos de treinta años, días antes de emprender viaje a España.

En lo que a vivir o a morir se refiere la justicia es un concepto inaplicable. Sabemos qué día hemos nacido, pero no cuándo nos iremos de este mundo; quizá por eso nos aferremos al día de nuestro nacimiento con tanta fuerza.

Hoy es el cumpleaños de un amigo al que no veo hace mucho tiempo. Ni siquiera me despedí de él cuando me fui. No quería despedirme de nadie, y a la vez cada tácita visita o encuentro con amigos era un adiós sin que ellos lo supieran. Hay personas de las que prefieres no despedirte para no tener que delimitar esa distancia, hacerla real, o simplemente hay amigos que se van de nuestra vida porque ya nos hemos dado todo lo que nos correspondía; a esos amigos no se les extraña jamás, se les recuerda como rememoramos quienes fuimos a los veinte años.

Aunque nunca vuelva a ver a Ermis, y su mundo y el mío se hayan distanciado, desde antes en La Habana, como dos carreteras que toman rumbos equidistantes, nunca podré olvidarle y mucho menos olvidar su cumpleaños. (La fecha digamos que no me deja mucha opción.) Siete u ocho años atrás, un 13 de agosto como hoy, estaríamos en la que era su casa entonces, en el barrio de Lawtón, una cueva sin ventanas ni luz, sin muebles apenas ni adornos; la cueva del Ermi(taño) que dejaba de ser ese día para recibir a los mismos visitantes que se reunían alrededor de unas botellas de ron y música.
Era curioso pero año tras año, éramos casi siempre las mismas personas, a algunos sólo los veía en esa fecha. Gente rara y dispar, de la ciudad y los alrededores, músicos, estudiantes universitarios, muchachas que no sabían qué hacer con su vida, amigos entrañables y algún desconocido de último momento. Formábamos un grupo reducido que empezaba a beber desde temprano hasta el día siguiente, cantar canciones, jugar a las cartas o al futbolito, bailar, enamorar o dormir en un rincón; el cumpleaños de Ermis era nuestro refugio para olvidar la calle llena de carteles, las consignas en la televisión, ese otro cumpleaños que debía celebrar Cuba entera.

Nunca le pregunté a mi amigo que era para él haber nacido el mismo día que Fidel Castro. Nunca supe si su madre acogió la fecha con entusiasmo o si no tuvo más remedio que aceptar el hecho inminente, a lo mejor ni pensó en eso o no le importara. Pero nunca pregunté ninguna de esas cosas porque no tienen la menor importancia ante lo de verdad relevante que era: él, mi amigo, el homenajeado, porque incluso para los reacios, como yo, a las celebraciones fechadas, el día del nacimiento marca una pauta, un antes y un después, es nuestro día.
El 13 de agosto para mí es el día de Ermis, y a él le deseo toda la felicidad, la prosperidad, la tranquilidad y la armonía que se merece. Ojala que este cumpleaños lo siga celebrando de manera especial, porque a pesar de cargar el estigma de haber nacido un 13 de agosto, mi amigo tiene derecho a que su día sea suyo, y a disfrutar de él.

¡Felicidades Ermis!

Anuncios