Pensar en ti
es la frase más común
que alguien puede colocar
en un poema.
Aún así tengo que ponerla
una y más veces…

Pensar en ti.

Pensar en ti.

Pensar en ti.

Porque eso hago sin idea
del porqué tanto
Pensar en ti
cuando es igual al olor de la hierba japonesa
que crece en los jardines de Tokio
a donde yo no iré.
Si la palabra
es una gota de ámbar sobre el hielo polar
un espejo roto que contiene tu imagen
y los vidrios son añicos diminutos
barridos al vacío de alguna playa.

Mi imagen está varada frente al espejo
componiendo una figura absurda
porque no quiero
que esa imagen se encuentre
frente a tus ojos,
para que vuelva el tiempo
y renazcan las velas extintas,
retornen las gotas de lluvia a las nubes,
se detengan los semáforos
y ese polvo que es tu imagen
sea un espejo doliente y perfecto
frente a mis ojos cansados.
Prefiero la redundancia intrascendente
de la frase: pensar en ti
porque sé que mi cuerpo
desobediente,
como un pájaro que vuelve al cautiverio,
busca a tu cuerpo
como esa jaula que está abierta
porque el cielo es demasiado grande
para un ave que no sabe volar sola.
Porque sé que ni siquiera el cuerpo encubre
el real desasosiego de mi alma
intentando tocar
el delicioso peligro de la tuya.

Si pensar en ti me salvara de mí
yo nunca volvería a tu encuentro
como quien busca el fondo
de un mar sin fondo.
Alguien que corre sin tener prisa
detrás de un oasis que no ha visto.
Pudiendo solamente obviarte
en el clamor de mi mañana realista
donde eres sólo un espejismo
y nunca espejo.
La palabra que nadie sabe escribir.
El par de zapatos sin comprador
en esta vidriera cara, nuestro destino.
En esta triste realidad paradisíaca
donde soy incapaz de desear
otra cosa que no sea tenerte
al escaso límite de mis manos.
Y también, como en cualquier poema inocuo:

yo deliro.

Pensar en ti es retener un pedazo de mí
y convertirlo en la luz que tienen
todas las casas del barrio.
Pensar en ti es construirme un puente
hacia ninguna orilla.
Un atajo sin sentido a la inquietud.
El resultado de lo que soy
cuando estoy callada
oscura y verdadera.
Pensar en ti es resucitar la utopía.

 

Lien C. Lau, La Habana, julio de 2006.