«¿Qué estás pensando?», me pregunta siempre Facebook.

Te pregunta, nos pregunta, les pregunta a todos. Qué curioso cuando en realidad ésa es la pregunta que no deberían hacernos. Lo que estamos pensando es íntimo y si no lo exteriorizamos por algo será…

De todos modos sucumbimos al placer de exhibir nuestros pensamientos:

 

Estimados amigos y/o desconocidos, estoy un poco malhumorada y, por ende, es el momento perfecto para hacer algo que llevo días pensando, a partir de hoy dejaré en mi Facebook solo personas que conozco realmente, porque así quiero que sea y ya. El resto puede leer si quiere mis divagaciones en el blog y en Twitter, atentamente yo.

Hace días coloqué este mensaje en Facebook, y acto seguido eliminé a una serie de personas que tenía como “amigos” pero que verdaderamente no conozco de nada. Espero que no estén molestos conmigo por eso, he querido darle un uso más específico a las redes sociales, ya que uso muchas.

Si vamos a la etimología de la palabra “amigo” enseguida veremos que no es exactamente el uso que muchos le damos a las redes donde nos relacionamos, en la mayoría de los casos, con (des)conocidos que por una u otra afinidad (literatura, foros, política, etc.) encuentran un lugar común donde compartir e intercambiar ideas. Bien. Hasta ahí todo bien. De ahí que con bastante ligereza terminemos aceptando de “amigo” en Facebook a cualquier extraño que hojeará nuestra lista de contactos, verá nuestras fotos de las vacaciones pasadas y conocerá nuestra vida como si de un reality se tratara. Y sí, puede que se trate de un reality pero para la audiencia limitada de las personas que me conocen y conozco o aquellas con las que deseo compartir mis ideas y experiencias. Selección natural, al menos así lo veo aplicado a Facebook, aunque otras redes, como Twitter, prefiera verlas como una plaza pública donde pegar un tweet-idea en alta voz.

Lo privado y lo público es un límite quebradizo en la red. Te has puesto a pensar el rastro de ti que en diez años habrá por los pasillos de Internet. Da igual, ahora lo pensarás, la paranoia entrará en ti por un segundo y mirarás en tu caché mental conversaciones de chat, malos chistes en los perfiles ajenos, fotos desenfocadas… y puede que nada de eso te importe. Lo más probable es que sigamos llenando Internet de basura como plagamos el mundo.

Queremos estar. De algún modo queremos representar un papel, nuestro papel, varios papeles. Depende que cuan multifacéticos seamos como actores de nuestro destino. Y queremos dejar huella en la inmortalidad de la red. Pero la red, amigo (des)conocido, es una tierra de nadie donde la trascendencia se escribe en hits. Y muchas veces apestan.

Yo no quiero tener un millón de amigos, prefiero uno sólo que me de su mano franca.

Debo decir que entre Facebook y Twitter yo soy más de lo segundo. Por eso decidí cambiar un poco el modo de usar el “cara libro” porque cada vez que entraba a mi inicio era una plaga de test, regalitos y publicaciones en su mayoría de personas que compulsivamente linkean todo lo que ven en Internet. Perdía el contacto con mis amigos de estudios, los que viven en Cuba y entran poco y los que andan dispersos por el mundo. En Facebook voy a encontrarme con mis amigos imaginarios del mundo real, ergo les imagino gracias a sus fotografías en Miami, sus comentarios sobre NY o sus notas sobre las ciudades que descubren; porque en la distancia sólo nos salva la imaginación. Resumiendo, ahora puedo leerles con comodidad, y crear un pequeño coto donde mostrarnos fragmentos de nuestra vida. Aunque la vida-vida verdadera es la que está de esta pantalla para afuera y que no te estoy contando en realidad.

Lo mejor que podemos hacer es vivirla.

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