¿De qué se puede escribir cuando uno se pasa prácticamente las 24 horas del día escribiendo?
Cuando se sueña que se escribe y se despierta con las borrosas palabras del sueño. Un cuento imaginado. Un cuento dictado desde el otro lado de la consciencia.
Un cuento inconsciente.
Cuento, a secas.

-Eso no viene a cuento…
-No, pero no tenía tema para escribir y no quería acabar el año con un post de hace meses.
-Al final, ¿qué más da? ¿qué importa eso? La gente no lee.
-¿Y quién te dijo que escribo por y para la gente?
-¿Ah no? Ya, ya, muy postmoderno todo, “escribes para ti misma y a los demás que le den”, ¿no? ¡Anda, no finjas!
-No finjo. “Vengo fingida de casa”.
-¿A dónde quieres llegar con este diálogo?
-A ninguna parte.

Esto es un post que se muerde la cola, como un año que termina y besa en los labios al siguiente, antes de irse, para siempre, al reino de nunca jamás: al pasado.
2010 ha muerto. ¡Viva 2011!