Plaza Tahrir, El Cairo, Egipto. Feb. 12, 2011.
Plaza Tahrir, El Cairo, Egipto. Feb. 12, 2011.

Es domingo. Despierto pensando en Egipto. En Cuba. En que La Habana no es El Cairo. Ni la Plaza de la Liberación es la Plaza de la Revolución. Pero ambas ciudades son la cara y cruz de una misma moneda, este mundo.

Han pasado tres años desde que salí de La Habana. Un proscrito siempre cuenta el tiempo. Aunque no sepa para qué. Me desterró la Historia de mi país. Esa que dice Fidel Castro que lo “absolverá”, y que millones de cubanos esperamos que lo ADSORBA, como hoy la Historia de Egipto ha adsorbido a Hosni Mubarak.

Sí, ya sé. La Historia somos nosotros, la hacemos los hombres, la hace un país hecho como un puzzle por todos sus ciudadanos.

Cuba es un rompecabezas dislocado por el mundo. Cada pieza, un cubano que se ha ido, un cubano preso en la Isla, un cubano que despertó sin país. Cuba, una chica burbuja a la que nadie se acerca. Una metáfora olvidada en el mar Caribe. Las cuatro letras de mi desvelo.

Tres años después sigo padeciendo grafomanía. Trato de buscar(me) en las palabras y encontrar(me) en las respuestas. Pero ¿cómo evitar que el pensamiento te lleve a ver visiones, a desear, a soñar con los ojos abiertos?

Sobre la imagen feliz de los egipcios superpongo la de los cubanos. Deseo ver un país celebrando en el malecón. Deseo ser parte de un momento. Deseo que podamos llegar a él con la integridad, la fortaleza y determinación de los egipcios. Una petición contundente y clara. Irrevocable. Una petición unánime. Sin violencia.

Pero no somos así.

Quisieron imponernos ser unánimes a la fuerza. Unos simularon aprender, otros se negaron y otros aprendieron. El cubano no se pone de acuerdo. Es una isla en sí mismo. Está solo. Odia al vecino, al del CDR, a la policía, al jefe, al pariente que se fue y le manda poco dinero, al amigo que ya no le escribe, al que le escribe para contarle lo bien que le va; ódiense los unos a los otros, es un subtexto castrista.

Una nación se construye desde la unanimidad de sus ciudadanos para cambiar juntos la Historia. Pero desde ti, desde mí, desde cada uno. Nadie puede arrancarte una convicción del pensamiento. Como la fe no se ahoga por un día olvidado de Dios.

Como un bolero, tan pobre que otra cosa puedo dar, sólo tengo convicción y fe. Cuba será libre, y yo veré la barba del dictador arder. Y a su hermano correr. Inútilmente.

Cuento el tiempo porque algún día regresaré a La Habana.

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