Foto: Lien C. Lau

Soñar es un derecho, hacer magia un deber.

@lacajadelachina

La gente que no tiene fe vive en la superficie de la vida. Sin fe no hay magia, ni sueños que vuelen sobre nuestra cabeza y construyan castillos, hablo de castillos reales, no de arena, no hinchables, no de palabras; la fe construye ciudades, fortalezas invisibles para resguardar nuestro espíritu, la fe crea cuerpos.

Tendría que ser la fe lo que nos trae al mundo, lo que nos hace engendrar hijos, perpetuar la especie, escribir libros, sembrar café, chocolate, plátanos, recoger la cosecha de arroz y darle de comer a los hombres y mujeres de la tierra. Tendría que ser la fe la que nos da y quita el oxígeno, como la solución a una migraña profunda, tendría… ¿Pero será que los humanos hemos omitido la palabra fe de nuestros actos, y nos limitamos a la palabra amor, a la palabra alegría, comodidad, conformismo? ¿Será que creemos que la fe es sólo digna de los pobres, los solos, de los entristecidos, los locos?

¿Secuestró la religión la palabra fe o la han regalado los hombres en su puerilidad?

¿Qué es un hombre sin fe? ¿Acaso hay que preguntar de qué color es la tuya, en qué crees, en qué no?

¿Tienes fe en ti?

Bien. Pero ¿quién eres? ¿Te has mirado al espejo? ¿Te has visto las entrañas? ¿De qué color son?

Tus entrañas son igual a las de casi todos, predecibles entrañas de humano. ¿Qué te hace especial? ¿Cuál es tu obra? ¿Qué has traído a este mundo? ¿Un hijo, un árbol, un libro? ¿Qué?

Cuestionar(se) es dar fe de vida.