Fidel Castro es recibido por Muamar el Gadafi a su llegada a Libia en 1977. (EL MUNDO)
Fidel Castro es recibido por Muamar el Gadafi a su llegada a Libia en 1977. (EL MUNDO)

La de Libia es la primera guerra televisada que seguido desde el principio. Viniendo de Cuba, un país de espaldas a la información, no es de extrañar. Sumado a esto, las redes sociales como altavoces instantáneos que reproducen cada detalle en directo ⎯por desagradable que sea⎯ facilitó que casi al momento supiera de la muerte de Gadafi y viera su cara ensangrentada fotografiada con un móvil y distribuida por AFP

La red empezó a arder con comentarios de todo tipo, entre ellos los de quienes no pierden oportunidad para señalar a determinados políticos por sus vínculos con el dictador libio: los de izquierda a los de derecha, los de derecha a los de izquierda, pero lo cierto es que, amén de los bandos, gran parte de Occidente extendió la mano a Gadafi y se hizo la foto de rigor, lo recibió en sus instituciones como legítimo mandatario, negoció con él a cambio de petróleo, le vendió armas, esas mismas que luego el dictador usó contra su pueblo.

La misma hipocresía política se extiende a los ciudadanos, culpar a los políticos es fácil porque son la cara visible, pero la aceptación o indiferencia de una política exterior que pasa por alto la falta de derechos en otros países, ¿es una postura democrática?

Desde que vivo fuera de Cuba intento entender qué es la democracia. Entenderlo en la práctica, no me valen teorías idealistas. El socialismo teóricamente es muy bonito, pero en la práctica ha demostrado ⎯al menos para mí, que vengo de una dictadura comunista⎯ que otorgarle el poder centralizado al Estado es un grave error que desencadena en totalitarismo gubernamental, en detrimento de los derechos de los ciudadanos.

Es curioso como el término «socialista» lo utiliza tanto la izquierda europea demócrata como la banda terrorista ETA ⎯que coincidentemente este 20 de octubre anunció “el cese definitivo de su actividad armada”⎯, el dictador Hugo Chávez que califica a Gadafi de “mártir”, los Castro con su “carácter socialista de la Revolución” o en el pasado los nazis con su Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

La palabra «socialismo» pierde cada vez más sentido para mí. Pero volviendo a la que intento entender actualmente: democracia, esa que tanto exigimos los cubanos libres para nuestro país ⎯aun sin saber bien lo qué es⎯. Y me pregunto si está preparado el pueblo libio para la democracia, si sabrán llegar a ella después de pasar por una dictadura de cuatro décadas antecedida por una monarquía, siendo un país formado por tribus cuyo sentimiento tribal puede ser superior al ciudadano. Las respuestas están en el futuro, pero si algo tiene de glorioso este 20 de octubre de 2011 es que hay un dictador menos en el mundo, y eso es motivo suficiente para compartir la alegría de los libios.

Los hechos alrededor de la muerte de Muamar el Gadafi aún están por esclarecerse, la crudeza de las imágenes en vídeo son estremecedoras, muchos señalamos lo inapropiado de que no fuera mantenido con vida y llevado ante un tribunal, pero no olvidemos que se trata de un país en guerra civil donde la ira y el odio enfrentó a vecinos, donde el mismo Gadafi armó a sus seguidores para perseguir casa por casa a las “ratas”, como él calificó a los rebeldes, con quienes se negó a negociar, firmando así su sentencia de muerte. Recordemos que hasta un empresario de Bengasi ofreció una recompensa de 1,3 millones de dólares por la cabeza de Gadafi, al más puro estilo del Viejo Oeste.

No olvidemos tampoco las miles de muertes libias que no han sido televisadas ni mostradas hasta la saciedad por internet. Tampoco olvidemos que el exministro de Justicia libio, Mustafa Abdel Jalil, aseguró que el propio Gadafi ordenó llevar a cabo el atentado contra un avión de la compañía estadounidense PanAm en diciembre de 1988, que causó la muerte de 270 personas al explotar sobre la localidad escocesa de Lockerbie.

La estrafalaria figura de este tirano arrogante tuvo un final tan grotesco como él mismo. Cazado en un túnel angosto, la rata era él, y como tal lo trataron esos a los que oprimió por 42 años.

Ahora su cadáver es exhibido como trofeo, y ésta es la cara más desafortunada del proceso que está viviendo Libia, y que no ha terminado con la muerte de Gadafi, todo lo contrario, ahora toca reconstruir un país en ruinas tras meses de guerra, unificar una nación divida, velar porque la sed de venganza no haga saltar a los libios de una dictadura a otra. Proceso altamente complejo en el cual el papel que puedan jugar los gobiernos del mundo es fundamental.

Espero que el mundo no pase página de Libia porque el olvido es el alimento de las dictaduras. Ahí está Cuba como ejemplo, una dinastía militar de 52 años a la que turistas de todo el mundo visitan como si del último dinosaurio se tratara, y con esto no digo que no deba la gente ir a mi país, no, sólo señalo que esa misma indiferencia que no condena un régimen totalitario es la que termina instalando hoteles y negociando con la dictudura cubana. Porque a un trabajador europeo se le paga lo que está establecido por su convenio colectivo o sale a exigir sus derechos como se ha visto en las masivas manifestaciones por recortes y desempleo, pero a un cubano de la Isla que trabaja en una empresa extranjera no, ese sale más barato, pagando a sus dueños es suficiente. Porque los derechos de otros no importan tanto como los propios: esa es la cara cínica de la democracia.

De cualquier modo, por deficiente e hipócrita que pueda llegar a ser, la humanidad no ha inventado nada mejor hasta ahora que la democracia. Y está en nosotros superar lo que en ella es ineficaz, porque de la ciudadanía y su consciencia política depende que la sociedad funcione, y me remito a la más elemental de las definiciones:

democracia.

(Del gr. δημοκρατία).

1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

Hoy el mundo despertó con un dictador menos y una esperanza de progreso. Ojalá ese retoño se fortifique y veamos un futuro democrático para Libia. Ojalá que en Cuba no haga falta llegar a las armas para derrocar a la longeva dictadura, pero cuánto me gustaría que Fidel Castro no muriera tranquilamente en su cama y sí siendo juzgado por los innumerables crímenes que ha cometido. Pero me temo que ése es cada vez un sueño más irrealizable.

La realidad es que no todo el que a hierro mata, a hierro muere. Y lo que es más triste, con la muerte del perro, no acaba la rabia de sus seguidores.

Eso sí, hoy en La Habana los hermanos Castro saben que nada dura para siempre, y que los finales pueden ser tan horribles como el de Gadafi. Ojalá que algo del miedo que por 52 años han inoculado a los cubanos, hoy inunde sus venas de ancianos déspotas.