Muñequita sin ropas y acostada. Una música tristísima se deja caer a través de la radio. Se escurre por las bocinas como lágrimas. Siempre lágrimas.

Érase una vez una muñeca que lloraba sin parar. Una muñeca que estaba prisionera dentro de su propio cuerpo. Los sentimientos no podían salir y ella quería gotearlos como si los ojos fueran nubes, plomizas nubes de otoño.

«No cry, little dolly, no cry, asómate, ven, mira qué lindo está el día», le dice la muchacha del espejo.

El día está gris y frío, muy frío, no quiero verlo, responde Muñequita. Es el día más frío del año, probablemente de toda una década, quizás del milenio apenas concluido y de este en que vivimos. Es el día más frío del universo aunque estemos en La Habana, con ese sol secando palmeras, avenidas, enamoramientos, recuerdos, fotos, almanaques, sueños, canciones… Pero déjame, por favor, déjame sola para llorar junto a la música. Déjame para que mi dolor sea sólo mío y no lo profanes con tus ojos, tan amantes y tan crueles.

La muchacha del espejo cerró la ventana, apagó las luces, le besó en la frente y se fue. Muñequita se tapó con una manta de pies a cabeza y lloró a mares. Porque los sentimientos son líquidos, si no los liberamos podemos ahogarnos de tanto sentir.

 

 

De la serie ‘El libro de Muñequita’, en proceso. Lien Carrazana Lau. 2008. De este proyecto: Sobre los secretos y el pudor y La patria.

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