Fotograma de 'La mala educación', de Pedro Almodóvar.
Fotograma de ‘La mala educación’, de Pedro Almodóvar.

Cuando estrenaron el filme de Almodóvar en La Habana la gente abarrotó las afueras del cine Riviera, se lanzó contra los cristales, se empujó, pisoteó, golpeó para entrar a la sala de proyección. No es que fueran fanáticos del director español, la película daba igual, es que todo el mundo va al Festival de Cine. Espectadores compulsivos por aburrimiento: el cine costaba aproximadamente 2,50 pesos cubanos, casi la única diversión al alcance del cubano medio. Pero este texto no es sobre la película (que no me gustó) ni sobre la economía de los cubanos (que sigue igual o peor que en 2004). Este texto es: sobre esos hombres que van sentados en el metro hundiendo la cabeza, en un libro o en un videojuego, para no darle el asiento a una anciana que va de pie. Esos que no ponen un «Hola» en el encabezado de un correo o los que no te contestan el saludo en el pasillo vecinal, esa madre que no le dice nada a su hijo por tirar arena de playa encima de los demás, ese dueño de perro que deja la mierda en la acera, esos adolescentes que gritan en vez de hablar, la gente que come en el autobús cosas que huelen fatal, los que se cortan las uñas en el andén, los que tiran el papel, la botella, los restos de la fiesta al suelo, los que mean en plena calle a la vista de todos, los que chocan contigo y no se disculpan, los que creen que se lo merecen todo y no dan ni las gracias, los que apestan y levantan el brazo más que nadie, los pedigüeños de moneda-cigarro-lo que sea-dame algo que soy un descarado. Los que enseñaron mal a sus hijos y nietos, por eso hoy les mean en la puerta, les gritan, no les dan las gracias, no le ayudan con la compra, no les ceden el asiento en el metro… Porque la mala educación se hereda.

Lo malo es que tengamos que lidiar con ella quienes aprendimos a dar las gracias y los buenos días, y despreciemos en ese instante, por su culpa, este mundo que nos tocó querer.

 

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