[2:42 a.m. Un día cualquiera del verano de 2006]

Crónicas nocturnas donde sin ser espejo mi rostro se refleja en todos y en todo. En cada cosa soy, con esa certidumbre tristísima de que somos semejantes en tanto, porque por muy distintos caemos en el pecado del (de)amor.

Aunque distintos, anhelamos como si fuera simple, y quizás lo sea, como mirar con ojos sencillos, y en el fondo sabemos que no, que nada es tan simple, que cambia todo desde el punto de mira, que la verdad se desdibuja, adquiere matices, se torna múltiple, traidora.

Elegir el sueño es renegar por un instante de todo, escurrirse al anti-tiempo, ese lugar infinito donde la vida ocurre de manera atemporal, ese lugar es este texto.

Me siento a tomar té y lejos el mar está furioso, la gente va de un lado a otro, hay pasteles de guayaba sobre un plato en la mesa, hay olas contra un muro a lo lejos, y hay gentes de muchos países tomando infusiones en una tarde larga, clara y ligeramente fría. Mi madre toma té sentada junto a mí y yo me fumo un cigarrillo que no echa humo o se trata de un humo invisible.

Fumo. Absorbo con el cigarro los nombres de todos mis amores, los días, las noches, las mentiras, los recuerdos y las letras, me lo fumo todo, y cuando el gran cigarro acaba me levanto de la mesa y salgo con mi madre del brazo. Caminamos por el parque Vidal de Santa Clara y tengo un vestido ridículo de bolas rojas y fondo blanco. Soy demasiado grande para ese vestido de niña, de tela de algodón, pero estoy bien. Nos sentamos en un banco cerca de la glorieta y conversamos, reímos, tomamos refresco y miramos a la gente pasar. Nos mofamos todo, sobre todo yo, lo hago para que mi madre ría a carcajadas. Y está tan joven mi madre entonces que me siento feliz de devolverle la belleza con mis bromas.

Pero volvemos a casa, y ya yo estoy grande y tengo el pelo largo y descuidado, pero soy linda, sensual y viene a recogerme un hombre con tejanos. No me gustan los tejanos, pero le quedan muy machos y entonces me recojo el pelo un poco, me maquillo y me pongo zapatos de tacón. Nos vamos en automóvil a un bar del DF, donde tomamos tequilas y reímos, mucho, reímos….

Los sueños son cigarrillos a punto de extinguirse en el cenicero de nuestra memoria, minutos después de despertar.

 

De la serie Soñada(mente), en proceso.