Hoy me siento con ganas de un relato porno, de esos que parecen normalitos y luego te explotan en el sexo como una granada. Cuestión de segundos. Sube ese olor intenso a libido por encima de la ropa, se mojan los labios, la polla se pone en guardia, soldadito dedicado: morir por follar es vivir

No necesito follar ahora mismo. Fumo. Bebo cerveza. Pienso en cuando me estimulaba los pezones para hacerte una fotodedicatoria. Tus manos son mis manos estimulándome. Aún lo recuerdo. Sin ver la foto puedo recordar toda la escena censurada por el mínimo espacio de un jpg.

Tampoco estoy demasiado creativa, tampoco me mantengo equilibrada sobre los tacones de mis zapatos, tampoco camino recta; escucho canciones tristes y bebo como si me doliera algo. Tampoco me duele algo ahora mismo. Ni quiero dolor alguno. Soy una cabaña en el círculo polar con una estufa de leña, y un sillón usado y confortable. De esos que ya tienen la forma del cuerpo, las radiografías de unos cuantos polvos, el recuerdo de una historia que me estoy inventando porque, en realidad, en mi mente no hay mucho. «No estoy bien amueblada», no soy habitación ni salón ni pasillo para tener por cerebro un sofá. Y tampoco tengo la creatividad a tope. ¿O la sexualidad? ¿O son una las dos?

Me gusta el sonido de las guitarras. Y las trompetas. Me gusta la timba que se mete en mi cuerpo, la rumba, y el ritmo del son montuno. Es como si acariciaran mi clítoris con el aliento.

Ahí debería empezar el relato porno:

Acaricias mi clítoris con tu aliento. Despierto a mis pezones para que los conozcas. Te presento a mi pezón izquierdo, es rebelde y no cree en el Che Guevara, pero se muere por conocerte. Y tú lo miras fijamente. Saludas pasando la lengua. Te presento a mi pezón derecho, quiere cuando lo quieren, odia cuando lo odian… Pero a estas alturas las presentaciones sobran, sólo importa que comas (imaginariamente) de mí. Que agarres mi teta derecha con tu mano, aprietes y pases tu lengua como si subyugaras ese pezón derechista a tu ideología progre.

Tenemos un conflicto político. Para resolverlo hay que abrirse los pantalones. Hay que ver qué tienes entre las piernas. Hay que valorar al enemigo. Medirlo. Calarlo. De punta a cabo. De cabo a rabo. Cávame. Calíbrame. Captúrame. Si tienes huevos, mátame de un orgasmo.

¿Por qué? Porque así son las cosas cuando son del coño.

Aunque a veces los relatos porno sean menos de lo que uno espera. Aunque no llegue a ponértela dura. Aunque no me chupes los pezones. Aunque no te enseñe mis fotos eróticas, y todo esto sea sólo por placer (de escribir). Porque esta es la dictadura de mis fantasías. El único totalitarismo que soporto.

Lien C. Lau, Madrid, enero de 2010.

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