VENTANA HACIA FUERA

 

Una ventana:

y por ella salir.

Pero no se puede porque no hay salida.

Otra ventana me espera como un andén

aguardando cuanta tristeza exista,

y también la alegría.

 

En una ventana del pasado exigía el amor,

en otra del presente

cruzaba con él a un mundo

donde el amor espera en la ventana

el fin del mundo.

 

Ya no se trata de esperar o de buscar.

La ventana está desierta.

Detrás de ella lo desconocido se desplaza.

Me dan horribles ganas de moverme

pero estoy sembrada en el asfalto.

 

Las ventanas, mientras tanto, están

en cada cosa que tocamos

como pequeñas espinas inexorables.

 

El día se va,

comes una guayaba

y es casi lo único del día.

El día pasa en una oficina intrigante

en medio de una balacera de tedio,

entonces parece que lo único bueno es comer guayaba

(sustitución tropical de la imposible manzana)

y hacer el amor.

 

Recordé a los niños de Chernobyl,

que ya no son tan niños,

y juegan y hacen el amor en la playa de Tarara.

Qué otra cosa pueden hacer:

jugar y hacer el amor.

 

Dónde estará aquel rubio extraño

al que le pedí matrimonio en un cuento,

la negra que se pone la bufanda lejos de mis calles

y Jorge: esa tristeza,

la de no verlo nunca más en la vida.

 

Por suerte estás tú, amor,

para abrazarte

y olvidar que me derrumbo por dentro

ante esas ventanas

que nunca se cierran.

 

Me levantaré

no fumaré

fregaré los platos

lavaré la ropa

venderé souvenires

escribiré historias que no te gustarán

pero serán el último aliciente

para olvidar a mi madre tan lejos,

a mi amiga en unas calles menos ásperas,

y a Jorge muerto.

 

 ***

 

VENTANA HACIA DENTRO

 

Una ventana:

y por ella atravesar cualquier pared.

Porque este es el mundo de las paredes.

Paredes por doquier

cercando las distancias,

limitando los espacios

entre una palabra y otra.

Paredes hechas de viento,

de aire con dióxido,

humo de cigarrillos.

Paredes de murmullos,

de música y gente.

Paredes de edificios

sucios y prematuros.

Paredes literarias

vacías y ahuecadas.

Paredes hechas de gestos,

de bocas y ceniza.

Paredes que son ventanas

a otras paredes que aguardan.

 

Mejor quedarse en casa,

el cuerpo hecho un ovillo

y la mente en la ventana.

Pero en la ventana con paisaje hacia dentro,

contemplando las macetas, las plantas,

la cortina corrida,

la oscura noche que se filtra,

pero sólo eso.

 

 

Lien Carrazana Lau, La Habana, 2007.