Ángel Yunier Remón  Arzuaga, El Crítico.

Puede que no te guste el rap, puede que nunca hayas estado en Bayamo, pero si eres cubano y lector asiduo de DIARIO DE CUBA lo más probable es que seas crítico con el régimen castrista. Entonces, tienes algo en común con Ángel Yunier Remón Arzuaga.

Remón Arzuaga llevaba 15 días en huelga de hambre en la prisión Las Mangas y una semana sin beber agua cuando fue ingresado, este martes 29 de octubre, en una sala de terapia intensiva del Hospital Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, en estado muy grave. 

Conocido como “El Crítico”, Remón Arzuaga es rapero, miembro del dúo Los hijos que nadie quiso, padre de un bebé de nueve meses, activista de derechos humanos y coordinador de la UNPACU en Bayamo y Manzanillo. Está preso desde el 26 de marzo de 2013, después de que la policía política organizara actos de repudio frente a su casa, en los que fueron lanzados animales muertos, excrementos, asfalto y piedras.

Alrededor de la casa del opositor se conglomeraron varias personas espontáneamente, quienes escuchaban en silencio como El Crítico reivindicaba un cambio político. La Fiscalía le pide ahora ocho años de prisión por un supuesto “atentado” contra la Seguridad del Estado.

Es decir, su mayor delito es ser crítico, expresar en voz alta lo que muchos piensan y la mayoría calla.

En prisión, Arzuaga padeció el cólera y ha sido golpeado. Su pareja, Yudisbel Roselló Mojena, también ha sido hostigada por la policía política.

El Crítico pudiera morir en ese hospital de Bayamo, y la sociedad civil cubana tendría a otro Zapata Tamayo. Pero no necesitamos más mártires, lo que verdaderamente necesitamos son jóvenes como él, pero vivos, para que luchen por la libertad de Cuba.

La decisión de hacer una huelga de hambre, de inmolarse, es tan personal que cuestionarla es entrar en la intimidad ajena. No podemos ponernos en el lugar de El Crítico, preso en una miserable cárcel de Oriente, un rapero casi desconocido, un activista nada mediático, un joven casi anónimo que se cansó de callar, y alzó su voz tan alto que molestó a los oídos de la Seguridad del Estado.

El régimen saldría ganando con su muerte, un opositor menos, sin que ellos tengan que hacer el trabajo sucio. Pero la oposición perdería un miembro, un joven de los que tanto se necesitan para que otros se identifiquen con la causa y se sumen al cambio. No apoyar a El Crítico es también darle la espalda a esa juventud cubana que quiere democracia, esa juventud que muchos creen perdida entre el deseo de huir y la falta de valores.

La maldita circunstancia de ser oriental

“Cuba es La Habana y lo demás son áreas verdes”, suele decir cruelmente el refrán popular. Y lo cierto es que no hay más que adentrarse en el Oriente del país para comprobar la terrible desigualdad social, la miseria rural, las calles sin asfaltar, el empobrecimiento de las ciudades, la crudeza de una realidad que, si bien es dura en toda la Isla, en Oriente es aún más evidente.

La UNPACU, organización opositora más numerosa de la Isla y con más de una treintena de sus miembros en la cárcel, es uno de los bastiones de la resistencia pacífica en esta región. Gracias a su trabajo es posible asomarse a lo que ocurre allí donde no llegan los corresponsales extranjeros.

¿Sería distinta la situación de El Crítico si estuviera en La Habana? Probablemente. Quizás obtendría el apoyo de artistas del hip hop y otras disciplinas afines. Sería mucho más fácil lograr que su caso fuera conocido por la prensa extranjera acreditada en la Isla. Sería más difícil la represión a los opositores que se acercasen al hospital donde está ingresado, o al menos, de llevarla a cabo, sería difundida de inmediato en las redes sociales.

La oposición en La Habana cuenta con más herramientas para acceder a internet en embajadas, hoteles y otras vías. En cambio, en Oriente todo parece quedar en ese terrible anonimato rural, en ese punto ciego informativo, como si aún no hubieran llegado al siglo XXI.

Sumado a esto, El Crítico no ha recibido la solidaridad que tuvo el músico Roberto Carcassés al ser “censurado” por sus declaraciones en la Tribuna Antiimperialista. A quienes aleguen que no se debe comparar a un músico de probada trayectoria y amplio reconocimiento como Carcassés con un rapero underground, se le debería decir lo evidente: que no se trata aquí de calidad musical. Es un crimen que un cubano esté preso y que pueda morir en el anonimato por disentir.

Campañas como Jama y libertad por la liberación de Juan Carlos González (Pánfilo), un ciudadano que se hizo famoso en YouTube por expresar que en la Isla no había comida, o más recientemente, los esfuerzos del Movimiento Democracia en Miami por la situación de los cubanos detenidos en Bahamas, prueban que el exilio puede hacer mucho para difundir y solidarizarse con las injusticias que sufren los cubanos, dondequiera que estén.

También es necesaria una mayor cohesión de la disidencia interna, que las figuras mediáticas que tienen la “coraza protectora” de una audiencia en las redes sociales, así como la atención de la prensa internacional, se hagan eco de casos como el de El Crítico y la Dama de Blanco Sonia Garro, de quien se habló muy poco al principio de su encarcelamiento y afortunadamente ya es un caso con bastante atención internacional.

Es imprescindible que muchos opositores que están teniendo la posibilidad de viajar y acceder a importantes foros internacionales hagan uso de este privilegio para denunciar estas graves violaciones de los derechos humanos y no se limiten mayormente a exponer sus proyectos intelectuales.

Cuba necesita de estos proyectos, pero también de un cambio social generalizado, y para ello hace falta llegar a ese cubano que está cansado de la política, pero no se atreve a manifestarlo. Y muchos de esos cubanos quizás no lean un artículo de opinión, pero escuchan una canción, una letra de rap.

Como en su día Los Aldeanos fueron un fenómeno que parecía contagiar a gran parte de la juventud con sus canciones irreverentes, no debemos obviar las aficiones musicales de los jóvenes cubanos de hoy. De ahí que proyectos como Los hijos que nadie quiso o El Primario y Julito sean otra vía de llegar a esos jóvenes y sensibilizarlos.

“Yo no inventé lo de los actos de repudio/ yo no hundí el remolcador 13 de marzo/ yo no fui el que asesinó a Boitel/ yo no soy el culpable del Mariel/ yo no reprimo al que piense diferente/ yo no tranqué a 75 inocentes/ mira cuantos delitos en la gaveta tú has guarda’o/ este sí es mi delito/ hablar de lo que tú no has habla’o”, dice una canción de El Primario y Julito con Los hijos que nadie quiso.

Integrado por Ángel Yunier Remón Arzuaga y Yudier Blanco Pacheco, Los hijos que nadie quiso han realizado los discos Esto se está poniendo más malo y Amo esta isla, al cual pertenecen los temas Apuntes de nuestra historia y Bayamo.

“Bayamo, ciudad de gloria, llena de historia/ no entiendo porque ahora bajas la cabeza ante quien te agobia”, cantan Los hijos que nadie quiso, recordándonos que de esa ciudad salió nuestro himno nacional, ese que proclama que “morir por la patria es vivir”, aunque quizás hoy sea más necesario vivir, para no dejar morir la patria en manos de la dictadura.

 

Lien Carrazana Lau, Madrid, 2013.

*Artículo publicado originalmente en DIARIO DE CUBA.

Este lunes internautas del exilio cubano se solidarizan en las redes sociales con su caso usando la etiqueta #FreeElCritico.

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