Me, Madrid, 2011.
Hay días en que estamos tan tristes  —días en que no tienes ni espacio ni tiempo para llorar—, que hasta la tristeza se pone triste. Hay días de dolor y cal, de silencios incómodos y olores intensos. Días de latidos intensos, de agotamiento, y de que mi rostro se vea más viejo.  

Estoy lejos

Como están lejos los fantasmas, sólo que yo soy real.

Es la realidad quien se disfraza de fantasma. Es la realidad

la traicionera.

La que nos niega

o nos olvida. La que nos golpea

con su puño de vacuidad.

Yo brillo. Lo sé porque he estado a oscuras.

25 de noviembre: tengo las manos heladas, Jack Johnson me acaricia el oído.

Estoy cansada, no agotada, escribí en FB.

Nuestro tiempo es maniqueo, insustancial, nuestro tiempo se derrite entre luces de neón y sombras de otra realidad. 

Pocas cosas tan violentas como la imaginación. Y pocas cosas tan potentes como la imaginación, cuando se tiene una muy grande y rica.

Somos esclavos de nuestro tiempo, somos esclavos de nuestro intelecto. Somos esclavos de nuestro yo.

Todo ese montón de letras son nada. La nada que una vez más se viste de hermosura, Layla.

Derek & The Dominos cantan tu canción, Layla. Tócala otra vez, Eric.

Pero Clapton cambia de tema.

Tengo un silencio atragantado en la garganta, y si lo devuelvo: hablo.

 

My life in (S)pain, 5 de diciembre de 2015. (Diario-libro en proceso, más fragmentos en mi otro blog.)

Pd. Hoy no estoy triste, pero por los que sí lo están, los acompaño en este texto.

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