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El otoño y yo. (FOTO: L. PLACENCIA)

La soledad: esa joven que empieza a dejar de serlo. Esa muchacha envejecida y rodeada de gatos. Esa soltera rabiosa. Ese amante del silencio. Ese ermitaño de ciudad que no sale de su habitación y como galletas frente al ordenador como si no hubiera mañana. 

La soledad: esa paja en el cuarto de baño. Ese viejo que se excita con recuerdos. Ese homosexual escondido dentro de un hombre ordinario-padre-obrero-buen-ciudadano.

La soledad: ese grito que viene de los ovarios, de la garganta de una noche sin alas, del asco y la intolerancia. Ese suspiro en mitad de la nada.