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Los cubanos no existimos, más allá de cuatro nombres de escritores, músicos y artistas famosos, más allá de los negritos con maracas en las calles de La Habana…  Esos que si no existieran, los turistas los inventarían para hacerse la foto de rigor. Incluso algunos, si conocen a un cubano fuera del perímetro de la Isla inexistente, se asombran, casi con reproche, de que no sea mulato/a y no sepa tocar las claves acompañadas de unos pasos de guaguancó.

Los cubanos no existimos, si no es para aparecer en algún chiste español diciendo “mi amol”, si no es para bailar salsa y sonreír, para ser simpáticos y sexuales, para “agradar” al otro. Si eres serio/a, hipercrítico/a, hueles “a primer mundo” y eres blanco, no te aparezcas por Centro Habana o serás el blanco de todo tipo de proposiciones (yuma, ¿quieres tabaco, ron, chica, droga, mi alma?); te desconocerán (y jinetearán) hasta tus propios coterráneos. 

Los cubanos no existimos, si no es para hacer fila y saludar a las celebrities de visita en la Isla de moda… Porque hacerse fotos entre las ruinas habaneras te resalta la figura, si no que le pregunten a  Kim Kardashian o Madonna. El contraste ilumina, pensó seguramente el diseñador francés Karl Lagerfeld cuando preparó en la decadente Habana su desfile de Chanel.

Los cubanos no existimos, no existen los “sin papeles” isleños que pululan por Europa, Centroamérica y el mundo entero, los emigrantes que huyen de una dictadura que tampoco existe, pero que lleva 57 años en pie, poniendo a todo un pueblo de rodillas.

No existen tampoco las Damas de Blanco que reciben insultos y golpes cada domingo cuando intentan manifestarse contra el régimen castrista. No existen los periodistas independientes detenidos por intentar informar lo que la prensa oficial (y mundial) ignora. No existen los presos políticos en las cárceles cubanas, ni existió Orlando Zapata Tamayo, el albañil que murió en huelga de hambre en una prisión cubana pidiendo una libertad que no hace falta en una Cuba que según la mayoría de los que viven en ella “es libre”. (Véase vídeo de cubanos damnificados por el huracán Matthew que reciben a Raúl Castro con gritos y consignas de “Viva Cuba libre”. Véase los desfiles del Primero de mayo en la Plaza de la Revolución donde va la gente “obligada o por inercia”, aunque despidan de golpe a medio millón de trabajadores estatales y nadie proteste. Véase las turbas castristas pidiendo “paredón” para los que se atreven a disentir, posiblemente motivados por un pan con jamón al final de “la movilización” o un estímulo en forma de vacaciones en la playa.)

No existe Baracoa devastada por el huracán, porque lo que no sale en CNN, BBC, Deutsche Welle o Televisión Española no es noticia. Si no lo dice The Washington Post, The New York Times o The Guardian, igual no está pasando. No existen los 180.000 afectados por el huracán Matthew en la región oriental cubana, no lavan, cocinan y se bañan en las calles mientras esperan la ayuda gubernamental, no se refugiaron en cuevas para guarecerse del fenómeno climatológico, no se quedan a vivir en ellas como si retrocedieran a la época primitiva porque ya no tienen a dónde ir. No detienen a periodistas de medios alternativos que van a la zona a intentar cubrir lo que no hace la Televisión cubana. No les decomisan sus equipos, no los expulsan, no los amenazan, no les abren un proceso judicial.

Nada de eso está pasando en la Isla. No hay damnificados del huracán Sandy esperando después de cuatro años la ayuda que el Estado prometió. No se producen desalojos a madres con niños a su cargo. No hay casos sociales viviendo en la pobreza más absoluta, sin que les paguen al menos sus medicamentos. No hay niños con problemas mentales viviendo en chozas sin un aseo en condiciones. No hay madres con VIH en casas que se caen a pedazos, bañándose en el balcón porque ya no tienen baño. No hay jubilados en la miseria, subsistiendo de la caridad de los vecinos. No hay miseria a raudales, por todas partes, que contrasta con los altos precios de los productos en las tiendas en divisa, de los precios privativos de los paladares, de los coches y casas en venta, contrastando con la buena vida que se dan los hijos y nietos de la dinastía Castro. (Véase yate de lujo, véase viajes, véase ropa cara, véase bienes y estatus.)

Cuba no existe. Por más que vayan de visita políticos de todas partes, por más que EEUU restablezca relaciones con el régimen y la Unión Europea se piense lo de levantar la Posición Común.

No existe tu nostalgia, exiliado, exiliada. Lo que extrañas no existe más que en tu imaginación, tus recuerdos no son reversibles, no puedes regresar a ninguna calle, playa o escenario de tu pasado, porque aunque vayas nada allí te pertenece, nada es tuyo en el territorio nacional de la inexistencia.

Los cubanos no existimos, si no es para mandar dinero a los otros cubanos inexistentes que quedaron varados en la Isla borrada del mapa. Y si existimos, somos “gusanos” o “comunistas”, “desertores” o “revolucionarios”, “resentidos” o “esclavos”, seguidores de Dios o del Diablo. Extremos que de tocarse provocan irritación. Bandos que de juntarse se formaría otra revolución. Pero no, los cubanos no existimos porque existe La División: un muro de agua y palabras, un cementerio de ideologías y balsas, el divorcio entre la libertad y la política nos colocó a todos en los extremos de esta gran cuerda llamada Nación. De la que tiramos sin fuerzas ni ganas.

Cuba no existe y no va a existir mientras no existamos los cubanos como verdaderos ciudadanos, y no como propiedades que, viviendo dentro o fuera de la Isla-jaula, debemos pedir permiso (y pagar bien caro) al dueño-Estado para que nos habilite el pas(aport)e azul para entrar y salir de la cárcel-plantación-patria.

Cuba no existirá hasta que no se despierte la conciencia ciudadana, el uso de razón colectiva, el deseo visceral de ser libres como sociedad. Cuba no existirá mientras exista partido único, mientras no hayan elecciones libres en un sistema electoral legítimo. Cuba no existirá hasta que no existan leyes que nos amparen contra el autoritarismo del Estado, contra el abuso policial a todos los niveles, contra la fragilidad legal que nos quita bienes y negocios, que nos quita la libertad si somos potenciales “peligros”. (Véase Ley Mordaza, Ley de vagos, véase una constitución declarada Socialista por los siglos de los siglos, una constitución que avala la censura y la represión contra la libertad de expresión: “Libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista”.)

Cuba no existirá mientras exista la involución mal llamada Revolución que se instauró en el poder desde 1959, cambiando a su conveniencia la constitución y las leyes, expropiando y nacionalizando empresas y bienes, eliminando clases sociales para imponer una sola: la clase de los miserables, el pueblo cubano.

Cuba no existirá mientras existan los Castro, su camarilla y el sistema que los avala.

Cuba no existe, lo que existe es la finca de los Castro.

 

rsf-2016