Rumba cubana, ilustración de Armando. (WOLFSONIAN.ORG)

La rumba cubana es declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La noticia se dio a conocer este miércoles, pero en Cuba no la bailan ni la cantan: no celebran. La Isla está en toque de queda.

La muerte de Fidel Castro opaca toda noticia, ocupa todo espacio periodístico. Su ausencia se hace presencia obligada. En la Isla prohiben la música, las bebidas alcohólicas, dejan de emitir dibujos animados y telenovelas en la televisión, donde hasta se evitan “los buenos días” como saludo. El dictador se ha ido de este mundo, pero su legado, la dictadura, continúa.

La rumba, según la UNESCO “es la expresión de un espíritu de resistencia y autoestima, así como un instrumento de sociabilidad que enriquece la vida de las comunidades que lo practican”. Pero hoy en la Cuba post Fidel Castro ni rumba ni bolero, ni son ni cha cha chá, sólo se permite la música infame de quienes lo alaban (aunque muchos sepamos que no creen en nada de lo que cantan, que lo hacen por conveniencia). En estos días la resistencia y la autoestima cubana se vive sobre todo fuera de Cuba.

Ya lo cantó la gran María Teresa Vera: “Sobre una tumba una rumba”, y esa es la canción que canto yo: “No la llores más/ (¿Por qué?)/ que en el infierno está/ (Qué verdad)/ a esa bandolera, enterrador, no la llores”.

No te lloro, FC. Brindo, como brindan los cubanos libres en Miami, y en el mundo entero, como brindan los disidentes en Cuba (aunque sea como Ailer, con una copa vacía por culpa de la Ley seca); brindo porque hay un tirano menos en esta tierra, porque sobrevivimos a ti, porque la historia no te absolverá: para los cubanos dignos, y para los verdaderos demócratas de todo el mundo, quedarás en la memoria como el dictador que fuiste.