Lisboa, 2016.

Este viaje era muy importante porque era la primera vez que salía fuera de España desde que llegué a este país en 2007. Qué mejor lugar que Lisboa, la bella decadente. Qué mejor fecha que en verano, en nuestro cumpleaños.

Aunque han pasado muchos meses, no quería dejar de escribir algo sobre este viaje a Portugal el año pasado. Quizás para muchos que han tenido la suerte de conocer medio mundo desde pequeños (porque han crecido en países libres, porque sus padres les han llevado de viaje o porque han tenido un pasaporte sin estigmas) puede que viajar no sea gran cosa, pero para mí, que no pude salir de Cuba hasta los 27 años, viajar es vivir dos veces, es crecer aceleradamente, cobrar de modo revertido algo de la experiencia que no pude tener cuando vivía en la isla-cárcel.

Para el cubano, viajar es la zanahoria que persigue el conejo, un tranvía llamado Deseo que esperamos en el andén aunque no sepamos cuando llegará. Viajar es saldar una deuda con nuestro yo del pasado, descubrirnos en cada destino, (re)construirnos en cada ciudad. Darle un zarpazo a la falta de libertad.

Aunque llevo casi diez años viviendo en España, no podía viajar fuera de sus márgenes porque hasta 2014 no obtuve permiso de residencia, y de haberlo hecho antes no habría podido volver a entrar, o me hubieran deportado a Cuba si, por ejemplo, iba a Italia. Tras siete años “sin papeles”, cuando los conseguí, lo que no había era dinero, y sí muchas prioridades: traer a mi madre de visita era una de ellas, algo que pude hacer en 2015. Un esperado reencuentro tras siete años sin vernos. (Sólo por el dolor que supone la separación forzosa de nuestras familias, yo sería anticastrista, pero lo soy por eso y por todo lo que nos han robado: la libertad, los derechos, un futuro en Cuba).

De modo que 2016 fue el año en que, por fin, pudimos poner un pie en otro país de Europa, y aunque no nos fuimos muy lejos, ha sido un viaje mágico; me quedé enamorada de Lisboa, una ciudad que te invita a volver, que te hace quererla enseguida.

La bella decadente

Dentro de España he conocido varias ciudades, pero Lisboa es otra cosa, es otro mundo. No es sólo el choque del idioma, que aunque “se parece” al español, y alguna palabra captas, es eso: otro idioma. Y yo tenía muchas ganas de estar rodeada de personas que no hablaran castellano. Defenderme sin el lenguaje. Y aunque hay muchos españoles de turismo (terminas oyéndoles hablar en algún bar o por la calle), el día a día es en portugués, y si te vas a una cafetería de barrio a desayunar pues más. Allí te encuentras tras la barra a la típica señora portuguesa de más de 60, despachando sola lo mismo a turistas que a locales. Y si un despistado alemán se pone a hablar en inglés, ella enseguida le dice que “aruñe, aruñe” y le hable en portugués. Es divertido esforzarse en decir alguna palabra aunque sea chivada por el traductor de Google, ellos lo agradecen.

Lisboa es una ciudad luminosa, pero sientes que has vuelto al siglo XX, y no sólo por los pintorescos tranvías. Por sus calles estrechas llenas de edificios ruinosos, que de pronto me remitían mi lejana Habana. Por sus bares donde aún se puede fumar, algo que me resulta chocante en estos tiempos. Pero Lisboa tiene ese encanto de las ciudades que huelen a mar aunque no se vea, sus vidrieras están llenas de coloridas latas de sardinas, y en el río Tajo atracan barcos y cruceros.

Divertida, pero discreta. Calurosa en agosto, y húmeda como mi ciudad de nacimiento. Los horarios para comer son distintos a los de España, y más vale que seas puntual o te quedas fuera, pero la comida es rica y barata (al menos comparado con los precios de Madrid). Si quieres comer bueno, bonito y barato, no dejes de ir a un pequeño restaurante familiar que se llama Ola Lisboa, ojalá lo tuviera a la vuelta de casa, todo lo que probamos allí era delicioso, y los dueños son personas amables y sencillas. Si te gustan los lugares un poco más exóticos, visita la Pharmacia, un restaurante con la ambientación de una farmacia, y una terraza maravillosa. Las croquetas de pato, deliciosas, como todas las croquetas que probamos en Lisboa, desde entonces las de Madrid me gustan menos (mucha bechamel, mi cielo).

Si tienes tiempo, escápate a Cascáis, a ver el mar aunque no te bañes (yo al menos no pude porque aunque era pleno verano el agua estaba helada, el Atlántico no tiene piedad). Pero es un lugar muy bonito, lleno de casitas burguesas y se puede comer un buen pescado que seguro atraparon esa misma mañana.

Volviendo a la ciudad, bajo el Puente 25 de Abril, en lo que antes era un enclave industrial descubrimos un centro de cafeterías, tiendas y galerías: LX Factory, un espacio para perderse algunas horas, con la librería más grande que he visto de momento.

De noche, no dejes de ir al Pavilhão Chinês, no hay un bar más genial que ese en la ciudad, ni tampoco en Madrid, ni creo que en muchas otras ciudades. Del suelo al techo un montón de vitrinas llenas de objetos divertidos, aviones colgados y trenes en las paredes, un billar, varias estancias, buenos tragos y camareros circunspectos, una joya de lugar.

También pásate por la Pensão Amor, un lugar más decadente, para bailar y perderte en sus estancias que en el pasado eran habitaciones alquiladas por horas a prostitutas y marineros, y hoy son lugar recreativo con sexshop, librería erótica, discoteca y salones para tomar algo.

Libros, no sé si los lisboetas aman tanto la literatura como parece, pero hay una librería en cualquier rincón de la ciudad, y la presencia de Pessoa en todas las esquinas, convertido ya en un souvenir más. (Esto último quizás es un poco triste, pero que sea un poeta el reclamo turístico de una ciudad es más bonito que si se tratara de una corrida de toros o de la fiesta de lanzarse tomates).

Y es por Fernando Pessoa, y sus tantos heterónimos, que amé a Lisboa antes de conocerla, y por él quise ir, para recorrer las mismas calles en que surgieron tantos poemas.

LA PLAZA de Figueira de mañana,
Cuando el día es soleado (como sucede
Siempre en Lisboa),
nunca en mí olvida,
Aunque sea un recuerdo vano.

Hay tanta cosa más interesante
Que aquel lugar lógico y plebeyo,
Mas amo aquello, también aquí… ¿Sé yo
Por qué lo amo? Nada importa. Adelante…

Esto de las sensaciones sólo vale la pena
Si nosotros no nos ponemos a mirarlas.
Ninguna de ellas en mí es serena…

Por lo demás, nada en mí es cierto y está
De acuerdo conmigo mismo. Las horas bellas
Son las de los otros, o las que no existen.

Álvaro de Campos, 1913.

Después de un viaje: cada objeto cuenta una historia, cada factura es un punto en el mapa. Los re(s)tos del camino. Contar un viaje es difícil porque todo no cabe dentro de esta valija de palabras. Mejor que algunas imágenes completen el recorrido.

(Las fotografías fueron hechas por mi pareja Lindomar Placencia y por mí, pero no puedo definir con exactitud la autoría de cada una, supongo que esos son los pequeños detalles de compartir que hacen del amor el mejor de los viajes.)

aldaba
Las aldabas son tan bonitas que te dan ganas de tocar a la puerta…
puerta2
Pequeños detalles de una ciudad hermosa en su decadencia
ascensores1
Grafitos y ascensores comparten calle
ascensores
Ciudad de cuestas, estos ascensores son reclamo turístico
azulejos
Lo más peculiar de sus edificios: sus fachadas cubiertas de azulejos
calle
Y el río Tajo al fondo
calle1
Este señor dibujaba el edificio de enfrente donde hay un Starbucks
calle2
La ropa tendida en plena calle me transportó a La Habana
calle3
¡Baños públicos! Algo que me llamó la atención, con cuidadores que cobran 50 céntimos.
city
Caminar es la mejor forma de conocer cualquier ciudad, esta también
moto
Si no te gusta caminar, súbete a estos…
fuente
Cuando disfrutamos de los lugares dan ganas de rebobinar el pasado
f
Alfama, uno de los barrios más antiguos de Lisboa
img_1143
Lo ruinoso acechaba como signo
horizonte
Pero desde lo alto de Alfama puedes imaginar que vuelas sobre los tejados hasta el Tajo
tranvia2
Tranvías, clásicos y abarrotados de turistas
tranvia
No me llegue a montar, siempre van llenos
iglesia
Hay que entrar a las iglesias, y si no quieres hablar con Dios, contempla el arte
cascais
Cascáis
pabellon-chino
Pavilhão Chinês, el bar más exótico que he visto
la-farmacia
La Pharmacia
noche
El Puente 25 de Abril, a lo lejos
pension-amor
Uno de los salones de Pensão Amor
sardinas
Sardinas de mil colores
conservas
Hay que probar el producto, está bueno
comida
La comida del Ola Lisboa, esas patatas redonditas, comida casera de la buena
belen
La Torre de Belém
puerta
Puertas, me encantan las puertas
puerta1
Puertas, entreabiertas
yo
Siempre me retrato frente a las puertas
xf2
LX Factory
xf
Espacios de LX Factory
xf1
En Lisboa el tiempo posa
libreria
La gran librería que hay en LX Factory
cartel
Y aparece un cartel que me recuerda de dónde vengo
bandera
Siempre algo me recuerda a mí… En el Parque de las Naciones
tu
Los viajes acaban, pero los deseos de repetir quedan
pessoa
Hasta pronto, Pessoa, señor solitario y poeta
Anuncios