Ahora que parece que el Covid-19 ya no ocupa toda nuestra atención, e incluso puede que el virus “se haya esfumado”, espantado quizás por la fuerza brutal del activismo mundial, resurge un tema de primerísimo orden: el anticolonialismo. No la crisis económica, no las muertes por coronavirus, no la tendencia borreguil con que las sociedades han asimilado las normas impuestas… NO. El anticolonialismo, señoras y señores.

Por ello, rescato este texto que no pensaba publicar (pues en su momento lo escribí y deseché), sobre la obra de un artista español que va en esa cuerda. Creo que cobra actualidad viendo que junto a la ola de lucha antirracista (respetable, claro que sí), se levanta otra anticolonialista (inquietante):

‘España os pide perdón’, obra de Abel Azcona en La Habana, 30 de mayo de 2020.

Cuando vi las fotos de España os pide perdón, de Abel Azcona, pensé que se trataba de una ironía para denunciar la política laxa del país ibérico con el régimen cubano. El estrechamiento de lazos escenificado entre los Reyes de España, el presidente español Pedro Sánchez y el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel, obviando así la falta de derechos humanos y libertades que sufren los ciudadanos de Cuba desde hace más de 60 años.

Algunos internautas ironizaron con enfocar la disculpa a que España, y especialmente Galicia, nos legó al padre del dictador Fidel Castro, el origen del mal.

Incluso pensé en que podía ser una crítica a esas empresas españolas que lucran mirando para otro lado en materia de derechos laborales, sabiendo que a los empleados cubanos de cadenas como Meliá se les paga un salario mísero que sería imposible de aceptar en democracia. 

Pero no. Azcona solo se enfoca en el colonialismo de hace 500 años. El colonialismo actual no es objeto de debate en su obra, emplazada hace unos días en calles de La Habana. 

La polémica parece ser un ingrediente más del trabajo de Azcona. El artista multidisciplinar, pero sobre todo ligado a la performance, ha impactado con piezas donde se come un Corán o donde escribe con hostias consagradas la palabra “Pederastia”. Algunas de sus obras le han acarreado litigios con la justicia. Pero lo más interesante de Azcona es como su vida ha moldeado su obra, hay en ella una correlación: la marca de ser “un accidente” (su madre prostituta y drogadicta lo trató de abortar) ha convertido su existencia en su proyecto artístico. Al punto de que ha declarado recientemente que planea su muerte como obra. Artista suicida, el riesgo es parte de su propuesta. En cambio, en España os pide perdón Azcona no arriesga, se queda en la superficie, es una idea que da cuentas de cómo la ideología política, en su caso, le juega una mala pasada al resultado artístico. Es lo que ocurre cuando se baila en la cuerda floja del arte político.

El artista español, finalmente, opta por ser como los empresarios de Meliá que hacen negocios en Cuba sin importar que sea una dictadura. Para Azcona lo importante es librar sus batallas ideológicas contra la extrema derecha española y la Iglesia católica usando la colonización de las Américas como pretexto. Pretexto, sí, porque si Azcona indagara bien en la historia y complejidad de cada país, vería que es imposible tratar el fenómeno de la colonización de “modo global”, como él mismo señala que lo enfoca en esta obra. Es decir, de modo homogéneo. Cuba no es Colombia ni Chile ni México ni Perú. El sentimiento anticolonialista no se vive igual en todas partes de América Latina. 

Azcona habla de genocidio, pero se desentiende de las particularidades. Los cubanos somos descendientes mayoritariamente de españoles y africanos, y claro, también de chinos, otros europeos, y muchas más nacionalidades. Salvo una lejana comunidad en Baracoa, ya en Cuba nadie desciende de los indios que habitaban la Isla cuando Colón arribó a sus costas.

Ese enfoque simplista hace de la obra algo superficial. Escogió mal lugar Azcona para trasmitir su mensaje. Hay que tener cuidado cuando se elige un escenario como una dictadura para colocar una idea y con ella reivindicar denuncias a un pasado que no es más importante que el presente. El dolor del pueblo cubano actualmente es 11 millones de veces más importante que la muerte de los taínos. Lo siento por Hatuey que, dicho sea de paso, ni cubano era.

Quizás para un mexicano el Día de la Hispanidad puede ser una ofensa, y cierto sentimiento de rencor hacia España perdure en algunos sectores de la sociedad en países donde se libró un fuerte enfrentamiento entre nativos y foráneos, y había una cultura potente establecida cuando llegaron los conquistadores. Pero juzgar el pasado con la moral del presente nos puede llevar al equívoco. No digo que el discurso anticolonialista no sea necesario, sobre todo, si el sentimiento y la actitud perdura. Pero a mí me duele que haya una plaza dedicada a Valeriano Weyler en Tenerife*, y se le recuerde en Madrid con una placa como “modelo de lealtad…”, que el nombre de Cristobal Colón en una calle. 

Me duele más la tibieza de la política exterior española que influye en la política de la Unión Europea hacia el régimen cubano. Me duele más que un rey español ponga un pie en Cuba por primera vez para blanquear la imagen de la dictadura más longeva del hemisferio occidental. Que Felipe VI se haya reunido con el dictador Raúl Castro y no con los disidentes. Que las empresas españolas sigan negociando con los militares a costa de la esclavitud laboral de los cubanos. 

A mí me duele el silencio cómplice de la izquierda española y la admiración a la revolución cubana por parte de representantes del Gobierno español, como el actual Ministro de Consumo Alberto Garzón o el vicepresidente segundo Pablo Iglesias. 

Me duele que se convierta en un museo la casa natal del padre de Fidel Castro en Láncara, Galicia. 

Me duele que en plena crisis del Covid-19 en Cuba, la Embajada española se haya desentendido de muchos cubanos-españoles por el hecho de que el régimen no admita doble nacionalidad, haciendo notar que son españoles de segunda, aunque vivan y coticen en este país. 

Me duele más, en resumen, que sean menos los españoles que nos apoyan en la lucha por la libertad de Cuba y más los admiradores de la dictadura que nos oprime, o los indiferentes, para los que la Isla es solo un destino turístico exótico. ¿En cuál de esos bandos estará Azcona? Imagino que, en principio, en el mismo de quienes por estos días decapitan estatuas de Cristobal Colón por EEUU, impulsados por un odio que quieren justificar con victimismo.


PD. Este artículo ha sido corregido, antes confundía una estatua de Weyler con una de Martínez Campos.