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La china fuera de la Caja

Arte, Literatura, Cuba y todo lo demás…

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Artes Plásticas

Frency Fernández sobre ‘CLOSED’

Se dice que Julio Verne no viajó mucho, que un día salía de su Francia y algo le conminó a regresar para no marchar más. Sin embargo, desde su espacio de origen se erigió en uno de los creadores más relevantes de un futuro que tal vez haya sido concebido diferente a cómo lo percibimos hoy: para la modernidad el futuro era soñable y probable. Ya hoy no podemos percibir con esas ansias lo porvenir, porque vivimos una pérdida de paradigmas, la ausencia de un telos o estado modélico. Y el espacio se mantiene cual refugio, defensa, escudo de nuestra existencia. No sentirnos en nuestro espacio, nos crea una incertidumbre casi total. Por ello, mejor crearnos nuestras dimensiones personales, antídotos contra lo que nos atenta como seres.

De donde provienen Lien Carrazana y Lindomar Placencia, archipiélago que padece de cerrados poderes y lo han convertido cada vez más en isla, muchos sufren la inmovilidad; y dentro de esos muchos, algunos hemos fabulado otros contextos menos enclaustrados. Por eso se ha desarrollado una capacidad quimérica casi joyceana, casi homérica, que de cierto modo se traza como eje en la exposición Closed de estos dos creadores, que se exhibe por estos días en la galería madrileña Luz & Suárez del Villar.

El texto está publicado completo en ‘Closed’ para descreídos, de Frency Fernández en CUBAENCUENTRO.com

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Post CLOSED: documentando la exposición

Al día siguiente de haber inaugurado CLOSED sentí un vacío, la ausencia de la carga, del estímulo y de todos los días acumulados que se desvanecieron. Uno se queda algo débil, hay que recuperar la rutina y bajar la intensidad.
Algunos que ven desde afuera este proceso no se hacen una idea exacta, y los entiendo, el resultado puede parecer sencillo: fotografías en la pared, proyección, un televisor emitiendo imágenes, pero lo cierto es que cualquier empresa que implique materializar una idea conlleva esfuerzo, y por eso estábamos contentos el martes pasado.
La exposición es un proyecto inaugurado y en algo me equivocaba cuando decía que estaba empezando una vida desde cero. Me siento realmente contenta porque es muy difícil vivir la rutina del emigrante y defender lo que a uno le gusta hacer, lo que se es, en definitiva.
Puede parecer un camino a contracorriente, pero puede que sea el único camino que me corresponde.

Conteo regresivo para CLOSED

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Estábamos filmando ‘One Way’, uno de los videos de la muestra, en las escaleras mecánicas de la estación Alonso Cano, entre tren y tren podían pasar 7 minutos en las que me costaba concentrarme, me mareaba o no alcanzaba el ritmo deseado… Había que subir y volver a bajar y subir…
Esperando que los pasajeros del metro recién llegado se esfumaran escaleras arriba, vimos bajar a un vigilante de seguridad. Nos preguntó si le habíamos pedido permiso a Metro para filmar. Dijimos que no, pero que era una cosa muy sencilla, un trabajo de clase –todavía podemos fingirnos estudiantes- pero el señor no entendía: hay que pedirle permiso a Metro. Se lo pido a él, pero el vigilante asegura que él sólo vigila, tengo que pedírselo al jefe de no sé que: una señora en la taquilla que me dijo que podía seguir siempre que no filmara al personal…
En Cuba no hay metro. Esta obra no hubiera sido posible allí porque las escaleras mecánicas están en espacios restringidos (hoteles, centros comerciales), no creo que me hubiesen dejado filmar solicitando simplemente unos minutos. Hubiera requerido de permisos meses mediante, o quizás un: NUNCA habría sido la respuesta en el aire.
Terminamos de filmar el video. Logré concentrarme usando el clásico un, dos, un, dos, un, dos… para bajar unas escaleras que se me resisten, pero hay que intentarlo. Alcancé la sincronización y la logré estabilizar cuando la misma señora que antes estaba en la taquilla aparecía de la nada diciendo que ‘aquello’ era un poco peligroso…
Me detuve porque ya no hacia falta más tiempo, tenía las manos negras de aferrarme a los pasamanos, pero tenía una agradable sensación, en unos minutos se había roto la barrera de la realidad y las ideas, se habían juntado. Cuando eso ocurre es un subidón de adrenalina, uno se siente fuerte, poderoso y humilde a la vez.

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Levantarse y llevar a rastras el cuerpo por pasillos, calles, portales, hasta la oficina. Que el café de la mañana levante lo que queda dormido en uno. Reorganizar mi agenda mental. Entregar algunas invitaciones entre mis compañeros de trabajo. Algunos bromean con querer colgarla en el picaporte de la oficina.
Estoy cansada y apenas es lunes, faltan muchas cosas por hacer a pesar que llevamos varios meses planeando el proyecto. Estoy contra reloj y doblando turno, cuelgo los guantes del trabajo a las 20 horas y al llegar a casa descuelgo los de nuestro proyecto, diseñar, corregir textos, confrontar ideas, hacer llamadas… En La Habana teníamos 24 horas al día para la creación, pero llegaba un punto donde me sentaba en el piso de la azotea y miraba a lo lejos, me perdía en el humo del cigarro, pensaba en otros mundos. A veces ese sentimiento evasivo me impedía crear cualquier cosa, así fuera un café para acompañar el cigarro. Otras veces me daba fuerzas para hacer obras. Lo que me impulsa ahora quizás sea el reto de ‘forzar la máquina’ para no renunciar a lo que deseo mostrar.

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Falta una semana para la inauguración de nuestra exposición. Convino mis obligaciones cotidianas con el cierre del proyecto –nunca mejor dicho para una expo que se llama ‘CLOSED’-. Tengo que confesar que hasta me han entrado ganas de fumar de nuevo, con el paso de los días la tensión se acentúa, lo queramos o no, tengamos todo listo o nada, es igual, siempre termina uno por ponerte tenso, aunque se trate de organizar algo que da disfrute, que es imposible de contener, soy casi incapaz de idear una obra sin pensar que su finalidad va a ser exponerla. Creo que el sentido que la completa es ese, mostrarla, aunque el resultado de ese diálogo público-espectador no sea siempre como uno espera, ¿pero qué espera uno en realidad?
Cuando trato de hablar sobre mi trabajo visual me siento un poco incapaz, escojo las imágenes para contar historias que no son literarias, de ahí que las palabras se enreden, me resulten redundantes…
Martes, una semana exacta y esta vorágine de trabajo desaparecerá, pero todavía queda mucho por disfrutar ‘trabajando’ hasta el martes que viene.

¿Símbolos nada más?


foto: Lien Carrazana Lau, 2007

Apenas he tenido tiempo de postear, pero como digo siempre: ¡Es viernes! Soy feliz aunque sea frase hecha. Aunque el tiempo no me alcance. Y yo lo exprima, cuente los minutos, los segundos, lea en el metro, siga los enredos mentales del Islote, escuche entre atenta y sorprendida el ejercicio de la democracia en el mundo.

Una de las cosas que me llamaba la atención al principio en España era el desenfado, la sátira y hasta la agresión conque podía tratarse la política. Vengo de una dictadura, es imposible que sepa cuál es el otro lado de las cosas. Y es cierto, se pueden pisotear viejos mártires y símbolos, crear otras esfinges, pero ¿cuáles?
El tema me lleva a iconografías múltiples, no sólo en la Historia, en el Cine, en la realidad, pero seguiré dándole vueltas al asunto. Ahora me vienen a la mente dos propuestas en video de artistas cubanos de distintas generaciones.
Seguiré sobre la pista de la redefinición de esos símbolos, para unos valiosos, para otros vacíos, símbolos al fin y al cabo.

Niel Reyes Cadalso, 2008.
(www.luzysuarezdelvillar.com)

No sé si la obra tiene título, pero yo diría: Después de la Tormenta, ¿llega la calma?

‘Loop’
Luis Gómez, 2001.
(www.lapalabraquefalta.com)

Esperemos… el tiempo, uno de nuestros verdugos.

Censuradores, go home! y un poco de humor

(Imagen: Lázaro Saavedra)

La mañana del viernes pude leer la noticia –que no es noticia ya, en la medida que se hace cotidiano- de otra exposición cubana censurada en La Habana. Ahora ha sido en espacio Aglutinador.

Al parecer la supuesta presencia de dos disidentes cubanos como espectadores fue el detonante de tal decisión. Hoy tendría lugar la mencionada muestra que ya no será más que otra ‘mala muestra’ de lo que sigue pasando en Cuba.

Ahora recorren por vía mail unos cuantos mensajes desde Cuba y de algunos cubanos residentes fuera, apoyando a la artista Sandra Ceballos, pero esto ya me sabe a historia repetida, a esos tristes chanchullos cubanos que terminan en la nada, a ese Ministerio sordo, tan sordo como sus funcionarios, a esos artistas ingenuos, a ese deseo de jugar con la cadena, y el mono mofándose constantemente de todos…

Amén de que sigo preguntándome: ¿y el arte? Preguntas similares se hacen otros también.

Pero todavía el arte cubano puede, al menos, hacerme sonreír. Quizás sea un poco de sentido del humor lo que les falte a muchas autoridades cubanas, pero seguro seguro, que de lo que carecen completamente es de sentido común.

Mientras el enredo continua, y la gente en Cuba se siente machacada, y el arte y la política tienen otro nuevo encontronazo, y yo termino mi arroz congrí -nostalgia gastronómica-, es un poco tarde,  ya lo sé, pero no lo puedo evitar, estoy rodeada del arroz con fríjoles cubanos… Lo mejor será nos ríamos un poco (para no llorar) con el arte cubano y yo terminé esté post antes de que se me quemen los fríjoles:

Donde pongo el ojo, pongo la nota con aguardiente, por Lazaro A. Saavedra González*


Yo no creo en nada, pero por curiosidad fui a ver a un babalao que trabaja la Regla de Ocha digital y le pregunté quien había escrito la nota del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, y me ha dicho:


«…dice Orula que la nota se escribió desde una computadora en la sesión de un usuario llamado manelo, el 16 de octubre a la 01:06 pm., con el desactualizado word del microsoft office 2003. El usuario editó por segunda vez un fichero titulado: “nota de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC que originalmente contenía un párrafo, con cuatro líneas, ciento cinco palabras y cuya autoría pertenece a otro usuario llamado Ministro y…»


¿Quieren saber más? Paguen… To’ el mundo sabe donde localizarme cuando les hago falta para algo, ¡y voy a cobrar caro! ¡Que la vida esta muy dura! A mí me importa tres pitos Aglutinador y el Consejo, no creo ni en arte, ni en política. Nada mas creo en mi santa madre y en el dinero. La vida me ha enseñado que lo único que vale en este mundo es el dinero. Lo mío es encaminar a mis hijos.


PD: De más está decir que si van a venir, traigan euros. No quiero dólar porque es la moneda del enemigo, no quiero cuc porque es la moneda de los nuevos ricos, ni quiero peso cubano porque es la moneda de los nuevos pobres. Quiero euros, porque Europa es el futuro.
www.ningunlugar.com

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*El texto de Saavedra está circulando por correo eléctrónico y es otro de los buenos ejemplos del humor en el arte cubano.

La transparencia del arte

Lindomar Placencia es uno de los pocos artistas jóvenes dentro del circuito contemporáneo del arte cubano que no pertenece a la casta ISA, lo que en Cuba juega con desventaja ya que curadores, instituciones y galerías fijan su atención en los batallones, cada vez más grupales, que van emergiendo de esta escuela.

La obra de Lindomar tiene un marcado carácter personal, comprender su trabajo es escrutar en su individualidad. Para él la creación es una manera de transparentar ideas como lo sugiere en su serie de fotografías traslúcidas Water set (2004), donde la estética es una trampa, un mecanismo de simulación para que comprendamos que lo importante quizás esté en el contenido y no en el contenedor. De ahí que las elegantes imágenes de cristalería rusa sean tomadas de un libro y redimensionadas a un nuevo contexto, la galería, para apuntar que lo relevante se puede esconder en qué o quién está del otro lado de estas transparencias.

Ese juego de las apariencias que nos pone en la cuerda floja, suspendidos en el aire, como aquella enigmática obra que habitaba un cuarto oscuro del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Rope, una instalación del 2001, que acogía con minimalismo esa sensación de un filo en el vacío, la línea del horizonte, una salida. O simplemente una cuerda de seda cortando la oscuridad.
Su trabajo es una investigación que elige materiales y soportes a favor de las ideas a manejar, de ahí que su obra transite por géneros tan variados como el dibujo, la escultura, la instalación, el video y la fotografía.
Blow away fue una obra suya exhibida en el Salón de Arte Cubano Contemporáneo del 2001, y es una de las que más me impresiona, una tina de jabón candado de 170 x 90 cm llena de agua hasta la mitad, invitando al espectador a ser cómplice de la efímera condición del arte, de ese reciclaje que se enturbia como el agua jabonosa.
Cargada de una ironía similar, Evite Ser entra en el terreno de la intervención, ya que el emplazamiento de la obra –un texto hecho en vidrio soplado con la frase ‘evite ser’– se hallaba colocado en la puerta de entrada del ya inexistente Centro Cultural de España, donde el artista expuso en varias ocasiones y obtuvo una beca. La obra formaba parte de una exposición colectiva organizada por Eduardo Ponjuan con sus estudiantes del ISA –vaya, nuevamente a acotación, es difícil eludir dicha circunstancia–. Lindomar prefirió mantenerse en la puerta y hacer una insinuación al ya involucrado público, quien podría leer el texto a la salida.
Evite ser vuelve a buscar la transparencia para decirnos algo de ese mundo que está tras la puerta, de esa experiencia de vida que es la Cuba contemporánea, como lo hace la serie de fotografías On Self (2006) para situarnos ante paredes que tendremos que franquear.
En On Self el artista cierra esa ventana que es la obra de arte y pone frente a nuestros ojos los muros de la Habana. Lindomar retrata un paisaje que se vuelve abstracto, la imposibilidad de ver del otro lado, la esperanza de poder hacerlo. Paredes exteriores hechas para revestir paredes interiores.
Jugar con los espacios y sus significados es otro de sus intereses. La dimensión del vacío lo confirma, es una obra expuesta durante la Bienal de la Habana del 2003 y es el intento por materializar en un número el espacio. Intervenir las ruinas de una vieja iglesia ahora convertida en centro de cultura, luego nada… porque el paso del tiempo hará el resto sobre las viejas paredes, las ruinas de La Habana.

Llega a Madrid en el 2008 para mostrar su serie ‘El hombre invisible’ (2003-2008), dibujos de autorretratos con lápiz blanco sobre cartulina. La obra expuesta en la galería Fernando Pradilla de Madrid todavía juega a la complicidad con que Lindomar se autodefine, esa invisibilidad que para mi es transparencia y en otros ojos ceguera, pero que pese a todo será posible ver con un leve cambio de posición en la sala y la ayuda de la luz. Aunque ver al retratado no de muchas pistas de quién es en realidad, porque a través de la obra nunca llegaremos más que a vislumbrar pequeños rasgos del artista, lo que él quiera que veamos, y será ese quizás el mejor de los caminos, pues garantiza que no terminamos de sorprendernos con el arte cuando es inesperado.

Lien Carrazana, Las Musas, Madrid.
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*La ultima imagen se corresponde a la serie ‘El hombre invisible’ (2003-2008) /150 x 100 cm./lápiz blanco sobre cartulina.
Algunas de las obras de Lindomar Placencia pueden ser vistas en el blog del artista: Dossier Lindomar y los videos en su canal de Youtube.

El arte es una tierra sin ley

Entrevista con Ernesto Leal realizada por Lien Carrazana. La Habana 2007.


‘El fragmento eliminado’. 2005. Letras de vinil, loop de DVD y monitor. Dimensiones variables.

Ernesto Leal es graduado de artes plásticas en la Academia San Alejandro, Cuba. En los años 1987-89 integró el grupo Arte Calle. En los noventa se desempeñó como co-editor de la Revista cubana de artes visuales LOQUEVENGA. Ha realizado varias exposiciones personales, alguna de ellas: “Instituto Superior de Dobleagentes (Dpto. de Audiovisuales)”, Centro Cultural ICAIC, La Habana, Cuba, 2006. “Documento” (con Luis Gómez), Galería La Casona. La Habana, Cuba, 2004. Foto septiembre. “Palabras en Styrofoam”, Galería Nina Menocal, México D.F, 2003. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas.

En los años 1994-1997 fungiste como co-editor de la Revista cubana de Artes Visuales LOQUEVENGA, donde también publicaste algunos artículos. ¿Qué ideas motivaron el surgimiento de una publicación independiente?

LOQUEVENGA fue un intento por llenar el vacío en las publicaciones sobre artes visuales que existía durante la primera etapa de la década de los noventa. Sin dudas ese vacío llega hasta hoy, pero ese es otro tema. Me pareció interesante cuando David Mateo me propuso hacer la revista porque en esa época yo estaba escribiendo mucho, básicamente textos teóricos, y vi en LOQUEVENGA la oportunidad de publicar. Los dos números que duró la revista fueron hechos con “nuestros propios recursos”, aunque ciertamente teníamos muy pocos (supongo que por esa época todavía estaba vivo aquel extraño espíritu de los ochenta cuando se podían hacer muchas cosas sin un kilo). El perfil de la publicación aprovechaba este espíritu azaroso y “pobre” que emanaba de la dificultad para conseguir el papel para imprimir, etc. Quisimos concebir la revista no solo como un espacio de información, sino también como un objeto de cualidad artística (cosa que pienso se hubiera logrado de forma más orgánica de haber continuado la publicación). Desde el punto de vista personal mi mayor dificultad con LOQUEVENGA no fue la anormal cantidad de horas que me pasaba en la imprenta, ni siquiera la certeza de de que nadie leía mis textos (por muy densos, según me enteré); sino las lógicas tensiones intelectuales que se producían al existir tres editores con características e intereses muy diferentes el uno del otro. Sin embargo todo iba razonablemente bien hasta que un día nos fue a ver una persona del Comité Central para pedirnos el permiso de publicación de la revista. Por supuesto no teníamos nada y las gestiones que hicimos para conseguirlo solo nos evidenciaron la imposibilidad de la continuidad legal de la revista. Intentamos explicar que LOQUEVENGA no era una publicación masiva sino un objeto artístico, numerado, limitado; pero como es de esperar en estos casos no sirvió de nada.
De cierto modo la breve historia de LOQUEVENGA es también la ya larga historia de lo imposible de una alternatividad real en Cuba. A riesgo de parecer fatalista, aun cuando “existan” nuevos medios de reproducción y publicación (email, etc.), la posibilidad de un pensamiento independiente tanto en el arte como en la cultura cubana en general siempre se verá lastrado hasta tanto no exista un cambio en el actual estado de cosas.

En tu obra transitas por la fotografía, el video, la instalación, hasta la pintura. Este empleo de diversos géneros y soportes hace que tu trabajo esté en constante cambio, siendo imposible etiquetarte, como acostumbran críticos y estudiantes de historia del arte, o el público mismo. ¿Por qué ese interés en moverte por una amplia gama de géneros y soportes?

Siempre me ha interesado seguir la noción de que la idea determina los medios específicos en que será realizada. Hay ideas que necesitan un medio determinado para ser expresadas, y no otro; lo que supone una obra que se mueve a través de diferentes medios sin importarle la fidelidad a uno en concreto. Por ejemplo, si lo que quiero con una obra es mostrar como en diferentes países las personas mueven el cuerpo de diferentes maneras, probablemente el medio más adecuado para investigar y expresar esto será el video y no la pintura y así sucesivamente. Esto no implica, sin embargo, que considere idea y medios como una dualidad en el sentido de privilegiar una u otros (como ocurrió con los primeros conceptualistas). Son dos aspectos de la obra que están tan relacionados que muchas veces es imposible establecer distinciones entre ellos. Ser consecuente con esta noción trae como resultado una obra aparentemente irregular, que siempre será difícil de digerir por los circuitos convencionales del arte (sobre todo los cubanos), pues generalmente estos tratan de asumir productos más homogéneos y previsibles en a cuanto su presentación y uso de los medios. De esto se desprende por supuesto que soy un artista sin “estilo” (en el sentido clásico del término) y que me interesa más el arte como una experiencia que como una “carrera”.

En la pasada Bienal de la Habana mostraste una obra en la galería del Museo Habana Club que trabajaba desde una descomposición y/o recomposición de un texto, utilizando el lenguaje desde lo visual, he notado este enfoque en otras obras tuyas. ¿Me comentas al respecto?

El título de esa pieza es “El fragmento eliminado”; se basa en el uso que hace la literatura del signo: (…). Comúnmente puede observarse en citas que se hacen de otros autores a las cuales se les elimina un fragmento que sobra para los objetivos del que escribe. Me interesó jugar con este signo y darle un carácter de espacio incognito, un lugar que puede llenarse de cualquier sentido y que su aparición determina muchas veces el significado de la frase. Lo usé en esta pieza como una metáfora de las exclusiones arbitrarias que se realizan muchas veces en los relatos culturales y también como una marca del poder al erigirse como rector de que debe mostrarse y que no.
En concreto se trata de un video donde aparecen varias posibilidades graficas del signo (…), cambiando de estructura hasta convertirse en una imagen decorativa. Cada vez se va haciendo más ambiguo, ensanchando su significado ya de por sí incógnito. Este video está insertado en una cita que aparece sobre la pared de la galería. Al incluirlo en la cita, eliminando una parte de ella, la frase se vuelve enigmática y se espera que durante los cambios gráficos del signo se evidencie algún sentido que ya no será textual sino visual.
Siempre me han interesado las relaciones entre texto, lenguaje y cultura. Me parece que la manera en que hablamos determina la forma específica que adquiere el mundo. Como decía Castaneda, ¨el mundo es así como es porque hablamos entre nosotros mismos acerca de que es así como es¨. Por otra parte, la forma en que organizamos nuestros textos sobre cualquier cosa supone una estructura oculta que organiza el mundo de determinada manera. Una parte de mi trabajo ha estado dedicada a criticar la estructura del lenguaje cartesiano, occidental, ese que solo es capaz de tratar con cosas aisladas y no con las relaciones entre ellas (obras como ¨Diez días sin hablar¨, ¨Silenciador¨, etc.). La idea es imaginar a través del arte otras estructuras de lenguaje y como se dibujan otros mundos desde esas maquetas.

Sé que compraste un terreno en Marte, como lo confirmaba aquella obra tuya ¿Cuánto hay de cierto en esto? ¿Quieres vivir en Marte?

Se trata de un conjunto de piezas que realicé el año pasado y que toman al planeta Marte como referencia para tratar problemas como la anatomía de las patrias; la pertenencia cultural como un proceso arbitrario, no genético; y las dictaduras culturales como procesos no funcionales y esencialistas. Una de las piezas de esta serie, “Nueva patria para reposar”, consistió en la donación al Cementerio de Colón de mi propiedad de un acre en el planeta Marte. Esta propiedad la adquirí en http://www.marshop.com, La embajada Lunar, empresa presidida por Denis Hope que se dedica a vender pedazos de la Luna, Marte y otros planetas. El objetivo de esta donación fue fundar, en el futuro, una sucursal del cementerio en este planeta. Un cementerio de cubanos en Marte. Con esta pieza quise problematizar las nociones de Patria-Nación; es decir, criticar la idea de que la pertenencia cultural es “genética”. La pieza intenta relativizar las supuestas esencias o raíces que nos atan a un determinado pedazo de tierra. Escogí el cementerio como objeto de la donación, pues parece ser una maqueta de la patria en un sentido necrológico (frases como “quiero que me entierren en mi patria”, etc.). Me interesaba también crear un paralelo entre la noción de propiedad cultural (en tanto propiedad simbólica) y la propiedad simbólica de un fragmento de un planeta.

Eres un artista que ha transitado por varias etapas del contexto visual cubano, desde finales de los 80, donde formabas parte del grupo Arte Calle, hasta la actualidad, ¿Cómo ves el devenir actual de las Artes Visuales Cubanas?

Creo que lo mejor que pudiera ocurrirle a eso que se llama arte cubano es desaparecer. Lo que no quiere decir que desaparezcan los artistas cubanos o se deje de producir obras en Cuba. Mas bien, se trata de dejar atrás la idea de que exista un arte cubano como si se tratara de un tabaco Cohiba; es decir, un producto exclusivo de marca nacional. Los vaivenes del arte cubano siempre han estado sujetos a lo que pase en el país a nivel político y económico. Las contradicciones del arte cubano son también las contradicciones de un sistema social cada vez más extraño. Solo confío, sin muchas esperanzas, que no se siga perpetuando la política oficial según la cual los artistas que más venden y más lamen son los únicos que existen realmente.

¿Cuáles son las tres cosas que más te divierten en el mundo y las tres que más aborreces?

Las tres cosas que más aborrezco son:
-la cara de Reynaldo Taladrid
-la cara de Randy Alonso
-el rostro de Rafael Serrano (Locutor del NTV)
Sobre las cosas que más me divierten me parece oportuno no hacer ningún comentario, porque algunas de ellas son ilegales.

¿Cuál es la pregunta más idiota que te han hecho –aparte de esta y la de arriba–?

-¿Por que eres así?

¿Por qué elegiste dedicarte a las artes visuales, una manifestación del arte que trabaja únicamente con imágenes, y aunque éstas valgan más que mil palabras como dice el dicho, pocos las comprenden, en otras palabras es un arte de élite?

Creo que hay pocas personas en el mundo que han tenido realmente la posibilidad de ELEGIR a que dedicarse. Generalmente lo que ocurre es una complicada trama de situaciones que nos llevan por un camino o por otro. En mi caso no es muy diferente; no creo que haya elegido dedicarme a las artes visuales, sino que sencillamente ocurrió así.
Aunque, como casi todos los artistas, en algunos momentos he tenido dudas y discusiones conmigo mismo acerca de la utilidad real del arte, me parece que constituye un espacio muy flexible para realizar experiencias que otros campos de la sociedad no permitirían. De cierto modo, el arte es una tierra sin ley.

¿Qué significa ser cubano que para ti?

No mucho. Ya sabemos que eso que se llama identidad no pasa de ser un hábito político que solo sirve para intentar encerrar culturalmente a un grupo humano. He llegado a sentir asco cada vez que escucho toda esa verborrea sobre ¨lo cubano¨, ¨lo propio¨, como si fuéramos una especie animal aparte. Lo mismo ocurre con el infeliz término ¨cubanía¨; deslizamiento verbal probablemente único en el mundo (nunca he escuchado que se hable de haitianía o francesanía). No sé que de bueno puede lograr una cultura encerrándose en una serie de clichés manidos y tratando continuamente de autodefinirse y separarse del resto del mundo (como si se intentara preservar virgen una vagina cultural). Para mí ser cubano no pasa de ser una condición geográfica.

¿Alguna vez te sentiste discriminado?

Muchos de los que hemos nacido en Cuba después de la revolución nos hemos sentido discriminados en alguna ocasión. Es curioso como un sistema que intentaba eliminar desigualdades solo pudo hacerlo implantando otras nuevas.

¿Crees que el Arte y la Literatura cambian el pensamiento del mundo?

Lo que realmente cambia el pensamiento del mundo son el hambre, las guerras, algún que otro invento tecnológico o catástrofes de diversa índole. El arte y la literatura solo sirven para apoyar o criticar una vez que esos cambios han ocurrido. Es una influencia débil para la sociedad que generalmente funciona de forma retrospectiva, muchos años después; cuando la sociedad mira hacia atrás y descubre que existió un libro, una idea o una obra que anunciaba o prefiguraba su presente. En este sentido el arte funciona como un gran archivo abierto dispuesto siempre a reconstrucciones y a nuevas lecturas.

Lo que trajo la marea


Público de ‘Referencias territoriales’. (foto: Adalberto Roque).

–¿Qué trajo la marea?
–¿Mucho ruido y pocas nueces…? ¡Ah no, si es una obra de arte!

«Censurada por la policía, la muestra ‘Referencias territoriales’ evoca los fantasmas de los episodios de agosto de 1994.» King Shangó & San Pedro en el boicot es una reflexión del crítico Frency Fernández sobre esta exposición de la cual les hable hace unos días como la nueva marca referencial de ese territorio de la censura que es mi país.
Una galería de fotos permite un acercamiento efectivo para quienes creen que una imagen vale más que mil palabras, y yo, que confío en la palabra convertida en una imagen nata les recomiendo este artículo.
De Frency admiro su sinceridad. Estamos acostumbrados a leer y recibir críticas positivas como si todo fuera elogiable. Quizás nos ha influido más de lo que creemos esa nebulosa creada por el socialismo donde todo siempre está OK.
Recuerdo vagamente una consigna absurda de carretera, ‘Hay que saber tirar, pero tirar bien’ –Jorge Ferrer abunda sobre otras aristas del tema–.
Yo me pregunto pensando en lo que trajo la marea: ¿y el arte?
Una mascarada riéndose canta una conga:
–Qué lástima con Xiomara a mi me da…
Han pasado 28 años desde 1980. Yo y la mayoría de artistas de Referencias… erámos niños cuando Arte Calle invadía los parques de la Habana. Algunos a lo mejor ni habían nacido. Tiempo suficiente para que intentemos escribir nuestra propia historia, digo yo.
La censura seguirá siendo un acto repudiable y ‘hacer ruido’ es otra forma de valentía en aquel terreno de silencios, pero el arte se queda si vale, o se olvida.
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Otros link relacionados con el tema:El reino de la censura, Nuevo movimiento de artistas independientes

El reino de la censura



Peregrinación‘, de José Eduardo Jaque Lorente / Dimensiones variables. Instalación con chancletas de goma en gamas de azul recogidas sistemáticamente de un río.

Las ideas parecen flotar en el agua. Pueden acabar por materializarse en manos propias o ajenas. A veces quedan sólo como palabras dichas al azar o terminan en el fondo de la bahía de una ciudad en ruinas que se llama Habana.
Yo solía ver el atardecer por allí, en medio de los escombros, después de correr varias vueltas alrededor de la Alameda de Paula. Digamos que el premio a mi hazaña deportiva era aquel paisaje inhóspito compartido con otros visitantes asiduos: parejas haciendo el amor contra el cemento en las tardes más oscuras, hombres bebiendo y pescando, familias llevando a sus niños a ver los barcos en los largos atardeceres de verano, carros detenidos con música a tope, furtivos caminantes depositando ofrendas al mar y otros deportistas haciendo planchas en la explanada…
Las ruinas del muelle del Puerto eran visitadas como si de un parque de atracciones se tratara, hasta que algún policía venía y nos echaba a todos. Pero la gente volvía, y yo también. Era un ciclo absurdo que me atrevo a pensar se mantiene todavía.
Estuve acudiendo al muelle hasta el día antes de viajar a España. Quizás muchos en Cuba seamos ruinólogos* inconscientes. Estar rodeados de ellas, vivir y sobrevivir a las ruinas ha contribuido a que busquemos, y hasta encontremos allí esa belleza discutible, ese simbolismo decadente que nos atrae como imán a los restos de la Habana.
Con ese mismo afán organicé en el 2000 una exposición colectiva que intervenía un espacio derruido en el barrio de San Isidro, en la Habana Vieja, a pocas calles de mi casa y de ese muelle que más tarde también me sugirió alguna idea similar que le comentará vagamente a Juan Rivero, organizador por aquel entonces del Proyecto Circo, un evento que intervenía espacios con proyección de audiovisuales y realización de performances.
El muelle se prestaba para fabular, pero descartamos la idea porque sabíamos las implicaciones que tendría intervenir un espacio como ése, donde ni siquiera permitían a los vecinos pasear.
El martes 5 de agosto de este año esas implicaciones las sufrieron los 25 artistas y organizadores de ‘Referencias Territoriales’ al ver suspendida la inauguración de la muestra por las autoridades cubanas. Un proyecto que pretendía convertir el muelle en un escenario del arte emergente cubano, acabó siendo otra referencia territorial de ese reino de la censura: Cuba.
¿Volvimos a los ochenta? Se preguntarán algunos, quizás confundidos por cierta visualidad ochentera de alguna de las obras que se mostraran allí. Yo prefiero no hablar del arte expuesto en el muelle el paso 5 de agosto, fundamentalmente porque no estuve y estas imágenes que les muestro no son suficientes para exponer una opinión crítica.
No conozco a la mayoría de los artistas de este proyecto, pero todavía tengo muy fresco el panorama de la plástica cubana y quizás hagan falta muchos más encontronazos con el poder, algo de la energía de los ochenta con una visualidad del siglo XXI y una verdadera implicación de los artistas en las polémicas sociales y políticas que vive la Isla… pero lo veo difícil. Dirán que soy muy pesimista, y puede que sí, mis 27 años dentro de Cuba me dejaron la sensación de que todo es inamovible, que la gente ha perdido la fe y sobrevive como puede a la barbarie tranquila a la que asiste diariamente.
Los artistas plásticos que han sido coartados por la policía cubana volverán a insistir en otra plaza, en otro derrumbe habanero, la policía los volverá a censurar… y así, el ciclo seguirá repitiéndose, porque a nadie le importa demasiado. Ni a los funcionarios de la cultura que deberían representarlos, ni a ‘nuestras vacas sagradas del arte cubano’ que tienen poder para discutir lo que estos muchachos sin voz no tienen, ni a los espectadores que se van a casa y olvidan todo hasta el próximo show, ni a los críticos y periodistas que escribirán de la última muestra de Montoto o de los cuadros de Bejerano. Tampoco le importa a los exiliados cubanos que leen un post sobre un video porno de la Dashiell y se disputan con Cubaencuentro la exclusiva de esta noticia, cuando lo que debería importar es la noticia…
Lo peor de todo es que ni siquiera la noticia de otra exposición censurada debería ser lo importante, sino el Arte, pero eso será motivo de otro post.

Obras de Gustavo Del Valle Ramírez. Esculturas, calados en madera. 2 m. aprox.


‘Arquitectura invisible’, de Alejandro González /Vigas de Acero.
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Gracias a la colaboración de Maykel Linarés y Galería Luz & Suaréz del Villar por hacerme llegar estas imágenes.
*’La fiesta vigilada’, de Antonio José Ponte.

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