Tengo un amor nuevo sin estrenar, y no sé por dónde empezar...

 

Cuando te tengo miedo lo primero que se me ocurre es llenarte con ese sentimiento. Acallar al maldito cursor intermitente que ha venido a sustituir al bolígrafo titubeante. Has pasado de física a virtual en una ¿regresión?, qué paradoja, cuando la aspiración es que vuelvas algún día al estado material convertida en un objeto de deseo colectivo.

Con la tecnología hemos encontrado herramientas cada vez más eficaces para realizar nuestro trabajo y promocionarlo, pero también mucha digresión. Internet es un laberinto donde podemos perdernos con facilidad a pesar de conocer la salida: su flamante botón de cerrar sesión; el power del ordenador nos da el poder de desconectar un mundo del otro lado de la pantalla, aunque es al revés, uno es quien se desconecta, sea por sueño, hambre, necesidades fisiológicas, trabajo, paseos o fuerza de voluntad. De lo contrario se correría el riesgo de quedar atrapado en una sucesión de ventanas sin puertas de emergencia, bucle de información, posts, vídeos, mentiras, epidemias, noticias, emboscadas, juegos, (des)conocidos, libros, canciones, atajos, cuartos oscuros, tiendas, bibliotecas, fotos porno, museos, universos. Hemos creado el espejismo de lo infinito: vive en nuestros ordenadores, le suelen llamar Mundo Virtual para separarlo del real, aunque ambos son la misma cosa, un todo en uno, cajas chinas.

¿Ves? Ya me he disgregado. Así es como te pierdo el miedo, aunque después la mitad de la cuartilla haya que tirarla a la papelera y no reciclar, pero tengo que vencerte a toda costa, poniendo una palabra tras otra como quien dispara mil balas pensando que con alguna dará en el blanco. Tirador inexperto, temerario o loco, como sea, tirador a matar, porque contigo la voluntad es imprescindible. Tienes que morir, querida hoja en blanco, para que nazcan las palabras.

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(@lacajadelachina)

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Nota: Este post fue escrito mientras tomaba té, conversaba en Twitter con @Vier_minuten sobre ciudades idealizadas, fumaba, oía música, hablaba con mi novio, pensaba en La Habana, miraba al techo, y mis lectores me recordaban las páginas que he logrado matar para que resuciten en libro.

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http://twitter.com/Donesmoquin/status/159792279727517696